Cuba: ampliación sobre Internet y libertad de prensa

Rolando Astarita, profesor Universidad de Buenos Aires

A raíz de la larga nota que estoy publicando sobre la dinámica de Cuba, un lector envió un comentario al blog cuestionando mis afirmaciones acerca del  atraso tecnológico, y sobre las dificultades que ponen las autoridades cubanas al acceso a la Internet. Mi crítico planteó que todas las dificultades de acceso a Internet se explican por el bloqueo imperialista a Cuba. Dada la extensión requerida para una respuesta adecuada, decidí agregar nota ampliatoria, que cierra con una reflexión sobre la libertad de prensa en la construcción socialista.

Empecemos entonces por la cuestión de la infraestructura tecnológica. Es un hecho que Cuba está muy atrasada en inversiones en tecnologías informáticas y de la comunicación, y por eso no todos los problemas se pueden reducir al bloqueo (aunque este los agrava). Por ejemplo, en los últimos años se ha concretado el cable de fibra óptica Cuba – Venezuela, pero los problemas de infraestructura interna continúan, lo que afecta seriamente la posibilidad de que la conexión llegue hasta los usuarios. El mismo director general de Informática en el Ministerio de Comunicaciones, Ernesto Rodríguez Fernández, reconoce que el cable con Venezuela favorece la salida internacional, “pero no elimina las dificultades de infraestructura al interior del país, que son mucho más complejas” (reportaje concedido a Juventud Rebelde, 13/12/14). En el igual sentido, Granma (12/12/14) informa que el gobierno ha decidido avanzar en las tecnologías informáticas y comunicacionales, reconociendo que la isla no puede seguir desconectada, y que hay insatisfacción y quejas en la población con la situación actual.

El atraso en la infraestructura parece entonces innegable. Para dar un ejemplo, el que tiene suficiente dinero, puede comprar una computadora y una conexión a Internet; sin embargo, para conectarse necesita tener teléfono fijo, y en La Habana (y otras ciudades importantes), no todos lo tienen. Tengamos presente que la red telefónica en Cuba es muy baja (aunque mejoró desde los 90 con la inyección de capitales italianos, en 2012 la cantidad de teléfonos fijos cada 100 habitantes era de 10,6). Además, la conectividad a Internet es tan lenta, que desalienta el uso de la red. De la misma manera, otras muchas inversiones necesarias están muy atrasadas. Por eso, y según informa Granma, desde 2013 el gobierno está aumentando la inversión, anuncia la apertura de unas 154 Salas de Navegación Pública, y la implementación de otros 26 proyectos. Aunque la información del diario es demasiado general, y hay poco balance de las razones del atraso, refleja los problemas internos en este terreno.

En segundo término, para muchos trabajadores el acceso a Internet es imposible debido a lo costosa que es la conexión en proporción a sus salarios. La hora de conexión “nacional” cuesta 1,5 CUC; la “internacional” (que da acceso a toda la internet) es más cara, por encima de 4 CUC.

Pero en tercer lugar, y esto es fundamental, ha habido una política del gobierno cubano de restringir el acceso a la red por razones políticas. El mismo gobierno reconoce que una de las razones por las que se limitó el acceso a la red fue el hecho de que las comunicaciones se usaran para “subvertir e intentar cambiar nuestro sistema político”, con ayuda de EEUU. Por eso, según el decreto 58 de 1996, dispuso un estricto control del acceso y uso de Internet. Entre otras disposiciones, se establecía “el control de los usuarios que soliciten la conexión a la red”, y se limitaba el acceso a la red.

En 2000 se creó el Ministerio de Tecnología y Comunicaciones para “regular, dirigir, supervisar y controlar” la política cubana en relación a las tecnologías informáticas y comunicacionales. Además, está prohibido comprar computadoras sin permiso de las autoridades; lo que también ha dado lugar al correspondiente mercado negro de componentes de computadoras. Todo esto explicaría por qué el gobierno acaba de retroceder (lo había anunciado el sitio oficial Cubaperiodistas) en la idea de que la población pudiera conectarse a Internet a través de wifi desde sus teléfonos o tabletas. La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) desmintió la noticia a los pocos días. Una de las razones sería que ETECSA perdería parte del control sobre lo que envían o reciben los usuarios.

Sobre el control y represión a las conexiones libres, sobran testimonios. Por ejemplo, un trabajador dice (en carta al Granma) que cuando quiere leer, desde su trabajo, algún artículo de la prensa internacional, el servidor de la empresa le bloquea el acceso. Otro denuncia (misma vía) que en 2010 fue sancionado con una multa equivalente al 25% de su salario porque en una inspección de seguridad informática, en la institución en que trabaja (dedicada a la Salud, en Villa Lara), encontraron en su máquina dos navegadores, 4 fotos de un periódico especial  y un archivo que contenía un curso de guitarra.

Otras denuncias (tomadas de sitios web) son sobre el decomiso de laptops, tabletas y teléfonos móviles de jóvenes que se reunían cerca del hotel Rex, en la Habana, para usar la red abierta del hotel; los usuarios, además, fueron multados. Otro caso: en noviembre de 2014 un tribunal municipal de la provincia de Matanzas condenó a cinco jóvenes porque instalaron una red wi-fi para dar servicios a sus vecinos. Y hay más ejemplos. Por eso también se ha desarrollado un mercado negro con el uso de Internet. Así, algunos que tienen autorizado el acceso libre (por ejemplo, desde una Universidad) alquilan su conexión (y ha habido sanciones por esto). Como expliqué en la nota principal, todo esto responde a una necesidad social –en este caso, sostenida en el mismo desarrollo de la tecnología a nivel mundial- que no se puede suprimir con medidas administrativas. Puede verse entonces que no se trata solo de problemas “técnicos”, ni todo es por culpa del bloqueo de EEUU. El problema es más extenso y abarcativo.

En este punto, mi diferencia con la mayor parte de la izquierda, es radical. Es que está muy establecida la idea de que, de la misma manera que en los países capitalistas la libertad de prensa es formal, pero no real (los dueños del capital y los que manejan el Estado gozan de los medios reales para expresar sus opiniones), los países “socialistas” (o con régimen de tipo burocrático estatista) tienen que defenderse restringiendo la libertad de prensa. Esto es, en estos regímenes la dirección del gobierno o del partido tendría el derecho a decidir qué pueden o no pueden leer los ciudadanos. Así, parece establecido que los “jefes” pueden leer lo que se les ocurra, pero pueden impedir esas lecturas a los ciudadanos comunes. Diríamos que “velan por su salud ideológica”.

Pero, por supuesto, en el fondo, las censuras no fortalecen conciencia ni programa socialista alguno. Como decía Marx, el censor (y agrego, el burócrata encaramado a gran dirigente) cree que puede tutelar no solo la conducta de los ciudadanos, sino también sus espíritus. Pero lo único que logra es un mundo monocorde, que a nadie conmueve ni convence. Es lo que uno experimenta cuando recorre ciertas prensas de gobiernos o partidos de “pensamiento único”. A veces, ni los mismos periodistas que escriben en esos medios están convencidos de que lo que escriben sirva para algo. Por eso, no hay construcción socialista sin que “florezcan cien flores del pensamiento”, para usar la expresión de Mao (que por cierto, no llevó a la práctica).

Pero incluso si se sostiene que se censura para combatir a la prensa imperialista, el argumento se cae. Después de todo, ¿por qué no dejar que los trabajadores, la gente común, lean y respondan como mejor les parezca, denunciando las mentiras de los contrarrevolucionarios, en base a datos y razonamientos, o con fundamento en su propia experiencia? ¿Acaso el socialismo no es construcción colectiva? Por eso, volviendo a Marx –se refería a la censura prusiana de su época, pero el pasaje es aplicable más en general: “No exigís que la rosa tenga el mismo perfume que la violeta, pero queréis que lo más rico de todo, que es el espíritu, exista de un modo. (…) Gris sobre gris: he ahí el único color lícito de la libertad” (Marx, “Acerca de la censura”). Y luego: “La forma esencial del espíritu es la alegría, la luz”. Pero no hay luz cuando se pretende que “la verdad es lo que ordena el gobierno”.

Para sintetizar: a fin de que haya luz, tiene que haber posibilidad de confrontar opiniones, teorías, explicaciones, disidentes o incluso opuestas. De lo contrario, la unanimidad es formal, y con pies de barro. Pero el gris parece ser el único color lícito en estos regímenes burocrático estatistas (¿hay algo más gris que Granma?). Y en un mundo chato y uniforme, no hay despliegue de potencialidad alguna de las masas (de las verdaderas fuerzas productivas). Ni existe la posibilidad de desarrollar las potencialidades del individuo.

Por supuesto, los filo stalinistas de toda la vida dirán que mi posición es funcional a la CIA, la contrarrevolución y el capitalismo. Su horizonte mental termina ahí. En este punto, las diferencias parecen imposibles de superar: afectan a lo ideológico, esto es, a una concepción global de una vida humana, sin explotadores ni burócratas ubicados por encima de la sociedad.

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