S.O.S. pañales

“Presenté una solicitud para irme a trabajar a Ecuador”, me dice una profesora universitaria cubana y me explica que “no me queda más remedio porque mi madre se agravó y necesito más dinero para poder comprarle los pañales, tú no te imaginas el reguero que forma”.

Me cuenta que “nunca había pensado dejar Cuba, de vez en cuando doy conferencias en universidades de otros países y con eso equilibraba mi presupuesto pero ahora ya no tengo salida. Mi madre gasta 3 pañales diarios, por lo que necesito casi U$D 100 al mes solo para eso”.

Conocí a una joven cubana de 33 años que está intentando montar un negocio por cuenta propia para poder tener un hijo. “No voy a embarazarme hasta no disponer de un ingreso que me permita por lo menos comprarle los pañales desechables”, me dice.

“No estoy dispuesta a pasar meses usando pañales de tela, que hay que hervir, lavar, secar al sol y luego planchar. Por eso el regalo que más agradece una cubana recién parida son pañales desechables. Yo prefiero no tener hijos si no tengo una economía que me lo permita”.

Me vinieron a la cabeza estas dos conversaciones cuando vi en la Mesa Redonda de la TV cubana a funcionarios hablando de “políticas” y “estrategias” para aumentar la natalidad y atender a los ancianos. Loables generalidades con pocas respuestas prácticas.

El tema de los pañales desechables, por ejemplo, es un asunto muy serio en un país con baja natalidad y alta esperanza de vida, donde casi el 20% de la población pertenece a la tercera edad y muchísimas mujeres trabajan. Algo que las importadoras y la red comercial no parecen comprender.

Los pañales aparecen y desaparecen de las tiendas igual que muchos otros productos con la diferencia de que estos son de primera necesidad. Además su precio -hasta U$D 1 la unidad- es prohibitivo para cualquier persona que dependa de un salario normal.

La realidad es que hoy hay que salir a buscarlos, recorriendo las tiendas porque no siempre aparecen en todos los tamaños y en ocasiones no hay de ningún tipo. Así que hace falta dinero también para acaparar, cuantos más mejor, cuando los encuentras.

Si el gobierno cubano pretende elevar la tasa de nacimientos y seguir aumentando la esperanza de vida de los ancianos, debería comprender que solucionar el asunto de los pañales resulta mucho más estratégico que las campañas publicitarias de televisión.

Una directriz gubernamental ordena “Aplicar políticas fiscales y de precios que favorezcan la natalidad y la atención de los adultos mayores”. Se podría entonces exonerar los pañales del impuesto del 240% que se aplica en las tiendas de divisas.

Incluso se podría entregar una cierta cantidad a precios de costo a las familias con ancianos o bebés que los necesiten, para lo cual sería muy útil acelerar las negociaciones con la empresa vietnamita que quiere montar una fábrica de pañales en Mariel.

Hay que pensar en que la esperanza de vida en la Cuba de hoy provoca que haya ancianos cuidando a sus padres ancianos. Estos hijos, que pueden rondar los 60 o 70 años, necesitan apoyo de la sociedad porque ellos mismos tienen limitaciones físicas.

Pero incluso viéndolo desde un punto de vista meramente económico se trata de un buen negocio. Conociendo lo unida que es la familia cubana, si se les diera mayores facilidades para la atención de sus mayores menos ancianos terminarían en los asilos.

Las jóvenes cubanas esperan tener mejores condiciones de vida antes de parir, cosa que demuestra la baja natalidad de Cuba. La situación lleva a la sociedad hacia un callejón sin salida, cada vez habrá menos trabajadores aportando y más jubilados cobrando.

Lograr que las cubanas paran más puede convertirse en un futuro próximo en un asunto vital para la economía. Pero esa meta no se alcanzará por apelar a la conciencia de las mujeres sino dándole a las madres facilidades acordes a estos tiempos.

Es cierto que hay muchos otros problemas que repercuten en la baja natalidad como la falta de viviendas o los bajos salarios. Sin embargo, el tema de los pañales no requiere de más dinero, sino de la voluntad de ganar un poco menos en la red comercial.

La socióloga cubana Mayra Espina cree que en las reformas económicas el aspecto “social no debe quedar para después sino que debe avanzar de una manera articulada. No se trata de tener un mayor gasto social sino de organizar un mejor gasto social”.

Es algo que se puede lograr con políticas que se anticipen a los problemas que los científicos van identificando, medidas concretas en función del bienestar de la gente, lo cual a largo plazo no está reñido con una economía próspera y sustentable, sino todo lo contrario.

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