Bloqueo y rentabilidad del béisbol cubano

LA HABANA. Los 102 mil dólares que corresponderían al equipo Vegueros campeón de la Serie del Caribe 2015 no serán cobrados por sus integrantes, como tampoco cobrarán los cuatro cubanos incluidos en el equipo All-Star del certamen las gratificaciones monetarias que ganaron limpiamente sobre la grama del estadio Hiram Bithorn, allá en San Juan.

La gran excusa política empleada hasta el momento para evitar los pagos a equipos cubanos por instituciones norteamericanas era que el dinero acabaría en manos del gobierno y no en las de los deportistas. Mas, desde enero del 2014 —con la entrada en vigor de la nueva política de remuneración aprobada por el INDER— quedó establecido por las autoridades de la isla que el monto total de los ingresos obtenidos en competencia quedarían en manos de los atletas (80%), sus entrenadores (15%) y equipos de trabajo (5%).

Bajo tal concepto, y al no poder acceder al premio, cada uno de los 25 jugadores cubanos que alzaron el trofeo en la 57 Serie del Caribe dejó de recibir 3264 dólares; el equivalente a seis años y siete meses del salario básico que recibe hoy un pelotero por integrar un equipo en la Serie Nacional.

Para los cubanos y conocedores del tema “bloqueo económico” la noticia no resulta novedosa. Las leyes norteamericanas son muy claras al respecto y, aunque el torneo no se celebra en su patio, el dinero lo pone la Major League Baseball (MLB), y la MLB nunca ha desobedecido a su gobierno.

Eso sí, la reciente información publicada por la AFP con respecto a este particular, pone nuevamente un punto al debate: la influencia económica del bloqueo en el desarrollo del béisbol cubano y la rentabilidad del mismo (para los atletas y la institución). Una influencia que, tras los nuevos anuncios realizados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), no parece cambiar de cariz.

Según estipulan las leyes norteamericanas, ninguna institución cubana o persona que resida en Cuba puede recibir pagos en dólares como resultado de sus servicios, o en formato de premios, y ello aplica también al béisbol. Por eso, durante más de dos décadas algunos de los mejores jugadores de la pelota cubana han debido abandonar definitivamente su país para perseguir el sueño de jugar en las Grandes Ligas.

Tras el 17 de diciembre del 2014, con los anuncios de ambos presidentes —Raúl Castro y Barack Obama— muchos volvieron la vista hacia este deporte. Un año antes Cuba había aprobado la contratación de sus deportistas en el exterior, dejando en manos de las autoridades estadounidenses el viejo dilema de la participación normal de los cubanos en la Gran Carpa: la bola estaba en su campo.

Más de un mes después, las facilidades brindadas por la OFAC para el fichaje de jugadores cubanos en la MLB —dejando al margen las instituciones cubanas—, no parecen ser un paso de avance en la solución de una situación que trasciende, evidentemente, el escenario del deporte.

La cuestión de la Serie del Caribe

Luego de 53 años de ausencia a los clásicos regionales Cuba asistió nuevamente en 2014 a la Serie de Caribe organizada en Isla Margarita en condición de invitada, y no como miembro pleno de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC). Con ello, según el señor Antonio Días Susavila —vocero de la Federación Cubana de Béisbol (FCB)— el equipo sabía de antemano que renunciaba a los derechos de cobro de los premios puestos en disputa que entonces eran de 100 mil dólares estadounidenses; lo cual explicaría el silencio de las autoridades cubanas ante el hecho.

Esta situación se repitió hace dos semanas con la cita orquestada en Puerto Rico, donde —a pesar de los continuos intentos por sumar a la FCB como miembro pleno— Vegueros debutó con las mismas certezas y condiciones en que jugara Villa Clara el año anterior: solo regresarían con un trofeo, en el mejor de los casos.

A pesar de que la directiva de la CBPC, encabezada por Juan Francisco Puello Herrera, ha demostrado su disposición para viavilizar la inserción de Cuba en el grupo, la realidad es que, al estar estas ligas invernales bajo el auspicio de la MLB, cualquier trámite que implique a Cuba queda bajo la lupa de las autoridades norteamericanas.

Además, según confirman fuentes de la FCB, la presencia de Cuba como integrante con plenos derechos permitiría el intercambio de peloteros y facilitaría la inserción de cubanos en las principales ligas beisboleras del área; algo que, tras lo ocurrido con el caso del jardinero Alfredo Despaigne durante su estancia con los Piratas de Campeche, parece no estar en los planes de la oficina que ahora dirige Rob Manfred.

Por el momento el reporte de la AFP, si bien no descubre fuego y más allá de sus exageradas propuestas de presentar al béisbol como la posible “primera industria de la isla” —habría que recordar que solo los colaboradores de la salud ingresan anualmente 7 mil millones de dólares a las arcas cubanas—, ha tenido la validez de poner sobre la mesa un viejo debate: ¿podría ser rentable el béisbol cubano para los atletas y la Federación, siempre y cuando se le permita?

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