Solo queremos que dependa de nosotros

Carlitos


Un amigo que recientemente regresó de Miami venía impresionado de lo que vio allí. No me habló de mercados, ni de parques temáticos, ni de carros modernos, ni de edificios bonitos o calles limpias. Mi amigo, abrumado por su cotidianidad y la necesidad de dar de comer a sus hijos y llevar una vida digna, vino impresionado porque allá: “todo depende de ti”. Por supuesto que la historia puede matizarse todo cuanto queramos, porque no es precisamente Miami el mejor ejemplo, porque es un país desarrollado y porque allá tampoco “todo” depende de ti.

Más allá de comparaciones, lo importante es preguntarse cuánto depende de uno mismo hacerse un camino en la vida y proyectarse un futuro en la Cuba de hoy. El más simple razonamiento es el del salario: tener ingresos dignos no depende de cuánto trabajes. A veces me pregunto si muchos de los que emigran salen buscando el ideal socialista. Porque el principio de que ganarían más los que más trabajaran, es difícil de encontrar en muchas sociedades, pero en la nuestra se cumple muy poco.

Pero no es solo cuestión de ingresos. Cuantos jóvenes conocemos que están dispuestos a olvidar lo poco que cobran y utilizar sus primeros años de graduados para crecer profesionalmente. Quieren ser masters y doctores, pero también quieren ayudar a transformar el lugar en que los ubicaron. Y allí, con demasiada frecuencia, los adiestrados pierden el tiempo olímpicamente. Mentes frescas y con ganas de revolucionar hasta lo más mínimo se desperdician, porque los responsables no confían en la “inexperiencia” de los nuevos, no están dispuestos a echar la pelea por ideas revolucionarias que le podrían cabrear más de una incomprensión, o no quieren que les hagan sombra y le pongan en juego los privilegios (a veces mínimos) que les asegura una responsabilidad.

Con mucha frecuencia se habla en Cuba de que uno de sus principales problemas es la concentración de poder y yo creo que pasa al contrario. Sufrimos de una anárquica descentralización del poder, a tal punto que cualquiera, desde un CVP o el vendedor de las entradas de un teatro hasta tu jefe tiene la capacidad para “aguarte la noche” o “hacerte la vida un yogurt”. Y, por si fuera poco, los mecanismos que tienes para que se haga justicia o se revierta la situación son tan enrevesados como inexistentes. Generalmente terminas teniendo que reclamar al mismo con el que chocaste o a alguien suficientemente cercano a él. Si hablamos de líderes, organizaciones o espacios de participación que permitan llenar estos vacíos, bueno…

La Cuba de hoy es muy diferente a la de hace 10 años, es cierto. En este período hemos asistido a cambios inimaginables cuando terminé la universidad, en 2005. Solo la reforma migratoria, el regreso de los 5 y el inicio del restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos sería impensable entonces. Pero muchas otras cosas no han cambiado y, por más esperanzas que se tenga en la pausada implementación de los Lineamientos, nuestros problemas no son solo económicos. Algo esencial y que podría explicar el cansancio y la estampida de jóvenes a otros países (llamada económica) está asociada a la imposibilidad de valerte de ti mismo para definir tu futuro.

No existe una meta como país, porque más de 200 Lineamientos o el concepto de “socialismo próspero y sostenible” no dicen mucho a quien piensa en dar de comer a sus hijos, tener el mínimo de ropa en el closet y salir una vez al mes. Tampoco es posible hacerse una meta individual, porque no hemos logrado una sociedad meritocrática: donde el acceso a mayores ingresos, privilegios, ascensos, dependa exclusivamente o esencialmente del mérito en lo que se hace.

Nos pasa en el sector estatal, donde los mejores jóvenes son vistos con sospecha, y en el sector privado, donde es difícil tener resultados haciendo las cosas bien. Tengo un amigo que quiere hacer una cooperativa y a cada paso que da encuentra resistencias, incomprensiones y reglas absurdas. A pesar de tener muchas ofertas de trabajo fuera de Cuba, insiste en su proyecto y me dice: “hay una historia increíble de gente que lucha contra el Estado por quedarse en Cuba”. Contradictorio, no? A mí, que trabajo para el Estado y no tengo ofertas de trabajo en el exterior, también me parece que vivo una historia increíble de persistencia por servir al país en que creo.

Algo o mucho está mal en toda esta historia. Cuando se enderece la pirámide de los ingresos (ojalá que pronto), alguien notará que esta otra pirámide invertida (la de los méritos) es tan o más importante? Mientras, el costo principal que pagamos es ver cómo nuestros mejores jóvenes (no los peores o los intermedios) terminan cansándose o yéndose, más que de Cuba, de su auténtica persistencia por luchar por un país mejor. Se está jugando mucho en esto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s