A cada cual segun su picardia

Por Carlitos

…vuelve el telón y hay un alcohólico urbano

que hace un resumen de gran maestría

de cada cual según su trabajo

a cada cual según su picardía…

Buena Fe

En los últimos meses se ha hecho visible el boom de los negocios privados. En La Habana se estrena un nuevo bar, restaurante o cafetería casi cada semana, hay una fiebre de almendrones descapotables, y cada vez es más frecuente la organización de cooperativas (aprobadas o no) para la construcción y reparación de inmuebles, por solo mencionar los más “sonados”.

A diferencia de los momentos iniciales, empieza a verse un respeto por la estética, un mayor uso del marketing, las nuevas tecnologías, el diseño industrial, la administración de costos; dueños y empleados pueden percibir ingresos muy superiores a los del sector estatal; y mucha creatividad se derrocha en la invención de nuevos servicios que se “acomodan” a las licencias aprobadas.

Sin embargo, ¿cómo es posible que vayan tan bien las actividades privadas en medio de las conocidas limitaciones en las que se desarrollan?

La Ley tributaria cubana establece que a partir de 50.000 pesos cubanos de ingresos netos al año (166 pesos convertibles al mes), los trabajadores por cuenta propia tienen que aportar las mayores tasas de impuestos sobre ingresos personales. Asimismo, estipula como exentos de impuestos los primeros 10.000 pesos cubanos de utilidades al año (33 pesos convertibles mensuales).

Ello implica suponer que 166 pesos convertibles al mes es un ingreso lo suficientemente elevado como para comenzar a gravar las tasas más altas. ¿Quién hace una inversión para tener como único ingreso 118 pesos convertibles al mes (valor que queda después de impuestos)? Al menos bajo el nivel de gastos de una familia promedio en La Habana, creo que nadie.

También implica considerar que 33 pesos convertibles mensuales representan un nivel de gastos mínimo con el que puede vivir una familia cubana o que a partir de este límite es correcto comenzar a aplicar impuestos.  El hecho de que no se pueda garantizar desde el Estado un salario mínimo acorde con las necesidades reales de la gente, no debiera impedir que se asuma posible y deseable desde la actividad privada.

Creo que muy pocos se cuestionan que haya tasas progresivas en Cuba: pagan más quienes ganan más. El problema es que se toman como límites para comenzar a cobrar impuestos (incluso muy altos), niveles de ingresos bajos. Resultado: niveles muy altos de evasión fiscal.

Pero no solo pesa la norma. No existen mercados mayoristas y la oferta de productos que solo vende el Estado adolece de calidad, estabilidad y precios razonables. En estas condiciones, los cuentapropistas (que buscan el máximo de eficiencia en su negocio) acuden a la fluidez y menores costos del mercado negro. Pagan a almaceneros y dependientes del Estado para “reservar” los productos que escasean; compran “por fuera” insumos, útiles, mobiliario, la gasolina o el petróleo (¿nadie se pregunta por qué no se ven almendrones en los CUPET?); pagan a los aduaneros para entrar al país productos que fuera de Cuba son mucho más baratos.

Los cuentapropistas deben pasar, además, inspecciones de salud pública, planificación física, la ONAT, etc. El problema no es que existan los inspectores (como en todo el mundo), sino que cobren salarios insuficientes y exijan cosas muy difíciles de cumplir (al menos en las condiciones actuales de Cuba), generando mayores espacios a la corrupción.  

Sería injusto decir que todos los cuentapropistas pecan de todo, pero es muy difícil encontrar alguno que no se “ensucie” un poquito. Las reglas de juego bajo las que funciona el sector privado en Cuba condicionan que muchos asuman como natural violentar la ley y que en muchas ocasiones los más exitosos sean los más inescrupulosos. No es malo que la gente gane dinero, pero es nefasto que ganen más los más “camajanes” y no quienes más trabajen. Es nefasta la capacidad de estos fenómenos de destruir el tejido de nuestros valores sociales.

En medio de necesidades materiales acumuladas el dinero tiene un poder corruptor impresionante. Cuando el nuevo rico trae la lavadora a la casa, el pantalla plana, te lleva a un hotel o le da empleo a los jóvenes para que aprendan a “luchar”, los valores de la familia (que de manera agregada son los de la sociedad) se van invirtiendo. Y, poco a poco, muchos de estos nuevos ricos y sus “fórmulas de éxito” se convierten en los paradigmas a seguir.

Para que el rumbo socialista sea posible los pícaros no pueden representar los patrones de éxito de la sociedad y el trabajo (también dentro de la nueva economía) debe ser la fuente fundamental de obtención de riquezas. Dar mayor espacio al mercado no es solo abrir las puertas, es necesario establecer reglas claras con los pies sobre la tierra.

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