Nos va la vida en ello…


“Pero quiero que me digas, amor,

que no todo fue naufragar

por haber creído que amar

era el verbo más bello…

dímelo…

me va la vida en ello.

Luis Eduardo Aute

Por Carlitos

Que el Socialismo sea más democrático que el Capitalismo no es un problema de demostrar o no su superioridad. El Socialismo debe aspirar, sin mirar para el lado, sin compararse con nadie, a la mayor democracia posible. No hay verdadero poder popular o socialización real de la propiedad (con le llamara la teoría socialista clásica) sin herramientas efectivas para que el pueblo decida sobre el rumbo de la sociedad, sobre cualquier tema que incumba a todos.

Durante años asumimos que tener los líderes correctos era suficiente (o al menos un gran punto de partida) para alcanzar nuestras aspiraciones comunes. Ahora se ha hecho moda renegar de todo lo que hemos sido, pero creo que muchos lo creíamos en serio y teníamos razones para ello.

En primer lugar, estábamos dirigidos por la generación que lideró la Revolución. Ese era un motivo más que suficiente para “confiar”, porque la Revolución abrió un mundo de oportunidades para quienes nada tenían en 1959, elevó la cultura a niveles impensables, reinventó lo que era la solidaridad dentro y fuera de Cuba, alcanzó y defendió importantes logros en el plano social.

Estábamos liderados por Fidel, que era un ciclón, con un carisma y personalidad particular. Fidel trataba (y consultaba) temas de alta política en un barrio popular, en una plaza universitaria, en un campamento en la agricultura o en un teatro lleno de médicos. Pidió disculpas en público cuando la zafra del 70 y paraba a los ministros en televisión a dar explicaciones. La gente decía de muchas cosas: “yo no estoy de acuerdo, pero si Fidel lo dice…”

En segundo lugar, hemos vivido todos estos años asediados, bloqueados y agredidos con fuerza y cuantiosos recursos financieros. No es, como muchos dicen, sentimiento de plaza sitiada; fuimos y no hemos dejado de ser una plaza sitiada. En ese escenario, se identificó la unanimidad como una estrategia de defensa.

Pero en pleno 2015, las experiencias, vivencias, aprendizajes y expectativas de la gente no son las mismas. La acumulación de problemas materiales y el anquilosamiento de las estructuras políticas han hecho disminuir los niveles de consenso social. Fidel ya no está al mando y la generación histórica está pronta a dar paso a otro liderazgo.

Más que eso, hemos aprendido que nuestros líderes podrán ser personas de los mayores méritos, pero no son dioses. A la vez que pueden ser atinados en sus políticas y estar cargados de buenas intenciones, también pueden equivocarse. Y están ahí no para decidir el rumbo de la sociedad, sino para gestionar lo que la sociedad misma decida sobre su futuro. Hemos aprendido que unanimidad no es unidad y que la falsa unanimidad destruye una de nuestras mayores fortalezas: nuestra diversidad.

Hemos aprendido también que las agresiones no van a cesar. Obama ha hecho lo que nadie, pero también ha hablado muy claro: distintos métodos para los mismos objetivos. Hemos sido demasiado herejes por demasiado tiempo y representamos uno de los pocos “nichos de mercado” aun sin explotar por el capital internacional. Suficiente estorbo y atractivo, como para que no nos dejen tranquilos.

He aquí el reto: o aspiramos a la mayor democracia posible aun en medio de las seguras agresiones, o estaremos renunciando a uno de los principales atributos del Socialismo o al Socialismo mismo.

No es algo tan simple como asumir tal cual las nociones “estándar” de la democracia burguesa. La democracia capitalista ha demostrado ser “falsa” en sus resultados, pero ha desarrollado herramientas de participación que merecen toda nuestra atención y aprendizaje. Utilizarlas y replantearlas con fines verdaderamente socialistas requiere de la mayor creatividad.

Ya es conocido que se trabaja en la preparación de una nueva Ley Electoral y una nueva Constitución, pero no sabemos entre quienes ni para cuando. Algunos intelectuales y blogueros (muy pocos) han debatido en la web sobre posibles alternativas a nuestro sistema democrático, pero la mayoría de la gente común está completamente al margen.

No basta con tener nuevas legislaciones, deben ser resultado de un amplio proceso de participación popular, estas más que ninguna otra. No basta esperar a que estén listas, necesitamos ir dando pequeños pasos hacia una mayor democracia, a partir de hechos concretos.

En estos días se están desarrollando las asambleas provinciales del Partido de cara al Congreso que se celebrará en 2016. Dos cosas me han llamado la atención: no he oído hablar del proceso de base, y no he visto en ninguno de los resúmenes televisivos una evaluación explícita de la implementación de los Lineamientos.

El mayor ejercicio democrático al que hemos asistido los cubanos en los últimos años fue la discusión popular de los Lineamientos. Un proceso de esa envergadura, que propone replantearse nuestra manera de entender y conducir la economía y la política, merece evaluarse cinco años después de forma masiva, a través de un amplio proceso de discusión, información, explicación, rendición de cuentas.

He aquí una oportunidad de ir ensayando y evolucionando hacia nuevas formas de participación. No se trata de buscar culpables, sino de aprender y corregir el rumbo entre todos.

La subsistencia de nuestro proyecto de nación necesita un replanteo profundo de su diseño democrático, tanto como producir riquezas y referentes culturales. Nos va la vida en ello.

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