Perspectivas

Por Carlitos

El gobierno cubano ha decidido restablecer el permiso de salida para algunos profesionales de la salud. Se trata de un tema complejo, producto de la creciente emigración de especialistas y su efecto en la calidad de nuestro sistema. Sin embargo, la receta parece equivocada y los daños colaterales demasiado visibles.

La nota oficial dice que “no significa que los médicos especialistas no puedan viajar o residir en el exterior”, pero se deja a los directores de hospitales la responsabilidad de brindar un servicio vital o dar el permiso de salida a los profesionales que se han quedado. Nuevamente, se intenta “desaparecer el problema”, delegando su solución a los niveles intermedios y afectando a los especialistas que no han decidido irse.  

La nota plantea, además, que la medida se aplica con el objetivo de “garantizar a nuestro pueblo un servicio de salud eficiente y de calidad”. Dudo que el descontento que ya se percibe entre los médicos redunde en un servicio más eficiente. Podría provocar, por el contrario, que los jóvenes que están prestos a graduarse no quieran optar por estas especialidades.

La solución no es cosa fácil, pero hay políticas que no tienen vuelta atrás y la migratoria es el ejemplo más elocuente. El retroceso, por muy justo que parezca, genera dudas respecto a la voluntad real de llevar a término todo el proceso de transformaciones en marcha. La habilidad política consiste en reconocerlo y saber que, en lo adelante, el regreso a prohibiciones superadas solo provocará descontento, incertidumbre y resultados adversos. Ha llegado la hora de jugar otro juego, mucho más sutil y estratégico.

Hace unos meses se anunció un grupo de medidas para beneficiar a los trabajadores de la salud (el año anterior se había producido un incremento salarial), pero no fue suficiente para detener la estampida de profesionales hacia el exterior. Con los deportistas de alto rendimiento pasó lo mismo. Pareciera que justo después de que se brindan opciones para mejorar sus ingresos o sus condiciones de vida, los profesionales de ambos sectores deciden emigrar en masa. Lo que realmente ocurre es que las soluciones llegan tarde y en niveles insuficientes.

Pero mis dudas no solo tienen que ver con el contenido de la medida, también con la forma. La información se dio dos días antes de conmemorarse el día del médico y en la misma nota en que se actualizaba de la situación en Costa Rica (un tema cercano, pero diferente). Ningún funcionario, salvo los que respondieron sin mucho éxito a las preguntas del foro de Cubadebate, ha aparecido públicamente para explicarla.

Y, nuevamente, se apuesta a un discurso que solo ve los problemas del lado de allá del malecón. El gobierno de Estados Unidos es el que promueve la emigración en masa, a través de vías ilegales y muy inseguras para la vida humana. Sin embargo, el elemento tan repetido de que la emigración cubana es económica implica reconocer que, si bien la política norteamericana es la principal responsable, no es la única. La falta de perspectivas de los proyectos individuales en Cuba, en especial del sector profesional, han hecho de la emigración hacia muchos destinos una tendencia ascendente en los últimos 25 años.

Para que el discurso sea creíble, necesita reconocer la multiplicidad de causas que generan un fenómeno. Creo que muchos médicos se sentirían mejor si en la nota se dijera que se comprende las difíciles condiciones en que viven y trabajan y el compromiso por transformar esta situación. Es una cuestión de forma, pero no es trivial.

Finalmente, es importante acotar que la falta de perspectivas de muchos cubanos no solo responde a la incapacidad del país para generar riquezas materiales. Responde también a la dificultad para reconocerlo públicamente, a la inexistencia de plazos, a la lentitud para tomar decisiones clave, a los retrocesos, a la falta de caras públicas para asistir al debate o a la retroalimentación de la política, a la percepción de que pervive una mentalidad entre muchos de los que dirigen (anclada en métodos y diagnósticos del pasado) que boicotea el proceso de cambios que hace casi cinco años respaldó la mayoría de los cubanos.

Cuba no es un país en ruinas. Aun muchos le encontramos sentido (desde matices muy diversos) a vivir y a que nuestros hijos crezcan aquí. Pero políticas como estas confunden, desdibujan el futuro y terminan llenando el vaso de los que cada vez más ponen sus aspiraciones y sus metas en otras latitudes.

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