La velocidad importa

Por Carlitos

En los últimos cinco años Cuba dio avances significativos en términos de informatización y desarrollo de las comunicaciones. Se permitió el uso de teléfonos celulares y se han reducido paulatinamente tarifas y precios. Se abrió el servicio nauta de correo electrónico. Se flexibilizaron las facilidades aduaneras para la entrada de tecnologías compradas en el exterior. Se amplió el acceso a internet, reduciendo los precios, colocando puntos wifi en lugares céntricos de las principales ciudades del país, mejorando la calidad de la conexión en sectores institucionales y ampliando la conexión en los hogares para determinados profesionales, especialmente los médicos. Se pusieron en marcha sitios estatales para la gestión de servicios online, como el sitio ofertas.cu, alternativa criolla a revolico y porlalivre.

Sin embargo, en ese mismo período, Cuba es el país de América Latina que más retrocede en el sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, según datos de un informe de la Unión Internacional de las Comunicaciones (UIT) publicado hace 15 días. Nuestro país pasa del 119 al 129 en la escala y se mantiene en la última posición en la región latinoamericana, a 80 posiciones de Uruguay (el país más avanzado del subcontinente).

El problema no es solo avanzar, sino la velocidad a la que se avanza. Y la informatización de la sociedad es solo un ejemplo.

En una reciente entrevista el presidente Obama ha condicionado su visita a Cuba, precisamente, a la velocidad de los cambios en la isla. Sinceramente, más allá del símbolo político, no creo que sea tan importante la visita de Obama (antes, que se decida a hacer las cosas que está facultado a hacer). 

La verdadera razón que reclama mayor velocidad de los cambios (y no necesariamente los mismos que demanda Obama) es la larga espera de los millones de cubanos que llevan sobre sus hombros los efectos del bloqueo, de las ineficiencias, de los extremismos y hasta de los lógicos pasos de acierto y error que conlleva caminar hacia un rumbo incierto.

Si nuestros padres subordinaron proyectos personales por ver una Cuba mejor, sus hijos no van a hacer lo mismo. La emigración en masa y creciente de jóvenes habla por sí sola; peor es la cantidad que se desconecta del proyecto de la Revolución (fuera y dentro de Cuba). Y un proyecto como el cubano, sin base social, no es nada.

Los cubanos no van a esperar toda la vida por una Cuba nueva. Hay oportunidades como nunca, pero no estarán ahí eternamente. El proyecto cubano avanza sobre una bomba de tiempo.

La velocidad importa.

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