Topar el voluntarismo

Por Carlitos

Un pasaje televisivo de la reciente sesión plenaria de la Asamblea Nacional muestra la solicitud, el respaldo y los aplausos a un diputado de Sancti Spíritus que solicitó topar los precios agropecuarios. Limitar administrativamente el nivel de precios parece una medida justa, pero la experiencia cubana e internacional muestra que medidas como esta solo logran incrementarlos aún más, desestimular la producción y promover la corrupción y la especulación. Venezuela implementó recientemente una política de “precios justos” y los resultados no fueron muy halagüeños.

La ciencia económica advierte que en mercados de oferta y demanda las prohibiciones y restricciones sin base objetiva tienen limitada capacidad para lograr sus objetivos. El Estado tiene otras opciones de política, pero más dirigidas a promover un ambiente de producción, distribución y comercialización propicios (temas en los que nuestra economía tiene múltiples deudas). El problema de la economía cubana no es de “pillos” que imponen precios altos, sino de una estructura productiva subdesarrollada y salarios bajos. Pillos habrá siempre que haya chance para “pillar”.

Hace un par de años pasó algo similar con los particulares que vendían artículos importados desde Ecuador, Panamá, Miami y no se sabe qué otros lugares. En medio de la mala calidad, los altos precios y el desabastecimiento de las TRD, esta opción no solo suponía un alivio para muchas familias, sino que representaba, en la práctica, una forma “popular” de romper el bloqueo. La medida más sencilla hubiera sido abrir una licencia específica para esta actividad y cobrar impuestos por ello. Sin embargo, se optó por prohibirla. Resultado: las “tiendas particulares” se mantienen, pero a precios más caros y con mayor incentivo para corromper a aduaneros e inspectores.

De igual manera, cuando las direcciones de las organizaciones políticas o los diputados convocan al control, la fiscalización y a “que cada cual haga lo que le corresponde” como fórmulas esenciales para que el país avance, se están desconociendo las condiciones que hacen que la gente “no” haga lo que le corresponde. La gente no “lucha” por más o menos consciente, por más o menos revolucionaria. En una sociedad donde desde hace mucho tiempo el salario no alcanza para vivir, ¿quién define qué es lo ética o políticamente correcto? Hay actitudes admirables de muchos cubanos, pero ello no significa que puedan ser exigibles al resto.

El factor común de estos sucesos (y muchos otros ejemplos) es una de las enfermedades más dañinas de las experiencias conocidas del socialismo: el voluntarismo. Con demasiada frecuencia y a cualquier nivel se toman decisiones que ignoran las causas reales de los problemas, a veces por desconocimiento, otras porque se cree que basta con tener autoridad y voluntad para resolverlo. Y no solo viene de los jefes, muchas veces la gente demanda soluciones voluntaristas. Es algo de lo que todos (o casi todos) hemos sido presos en algún momento, hasta en decisiones prácticas de la vida cotidiana.

El voluntarismo es costoso, muy costoso. Pocas veces logra resolver un problema, generalmente lo agrava o (en el mejor de los casos) posterga su solución. Hace perder tiempo y enlentece los procesos de aprendizaje social (es necesario equivocarse demasiadas veces para concluir cosas que todo el mundo sabe). Y, gracias a todo lo anterior, mina la credibilidad política de los que toman las decisiones.  

Tomar decisiones o proponer políticas que desconocen las causas reales de un problema, no solo es irresponsable, sino completamente alejado del espíritu primigenio del marxismo. La ciencia marxista es, ni más ni menos, una crítica científica al sistema capitalista. Fue Marx quien nos advirtió que el ser social determina la conciencia social, aquello de que “el hombre piensa como vive”. ¿Cuántas veces la política ignora que el hombre es “preso” del cómo vive? ¿Cuánto de “iluso” hay en pedirle a la gente que piense o actúe o milite como si viviera de otra manera?

Por más cuestiones que haya que transformar para garantizar nuestro futuro, pocas son más definitorias que la batalla por “topar” el voluntarismo y rescatar el carácter científico del socialismo cubano. No es una batalla que se libra únicamente dentro de las estructuras del gobierno y las organizaciones políticas, sino en el plano cultural, social y de la izquierda revolucionaria.

Despojarnos del voluntarismo también importa, y mucho.

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