Entrevista a Pablo Milanés

Tomado de El País, por Mauricio Vicent

En esta entrevista concedida a EL PAÍS, mitad por vía telefónica, mitad de forma presencial, Pablo Milanés (Bayamo, 1943) habla  en profundidad de los años que pasó en las UMAP, los campos de trabajo tristemente célebres donde en los sesenta fueron recluidos homosexuales, religiosos y todos aquellos que en Cuba no se adecuaban a los “parámetros revolucionarios”.

Sobre el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU, el cantante y compositor dice que no ve verdadera disposición a “ceder” en ninguna de las dos partes y considera “un maquillaje” las reformas realizadas hasta ahora en su país. Sin embargo, sigue sintiéndose revolucionario y pone como ejemplo a seguir al expresidente de Uruguay, José Mujica.

Este viernes por la noche acompañó a Víctor Manuel en su concierto 50 años no es nada y la semana próxima comenzará una gira por España para presentar Renacimiento, trabajo que llega siete años después de su último álbum y en el que Milanés rescata ritmos tradicionales de Cuba como el guaguancó, el son o el changüí, poco habituales en su repertorio. El año pasado el cantautor se sometió en España a un trasplante de riñón donado por su esposa, Nancy, y ahora parece rejuvenecido. Acaba de terminar un disco con José María Vitier y trabaja en dos nuevos proyectos, uno de ellos con su hija Haydee.

Pregunta. En el reciente Festival de Cine de La Habana se hizo un homenaje a García Márquez. Allí usted cantó Días de Gloria (1999), una de las canciones que más gustaban al escritor y que en su estrofa final lamenta: “Qué es lo que me queda/ de aquella mañana/ de esos dulces años/ si en ira y desengaño/ los días de gloria/ los dejamos ir“. ¿Era un desengaño compartido? ¿Por qué tanta gente arrepentida?

Respuesta. Nunca hablé con Gabo de por qué le gustaba esa canción, pero la escuchó, le gustó y la elogió muchísimo… debió comprenderla perfectamente. Arrepentido no es precisamente la palabra. Estoy más bien, y creo que los que piensan como yo también, defraudado por unos dirigentes que prometieron un mañana mejor, con felicidad, con libertades y con una prosperidad que nunca llegó en 50 años.

P. ¿Por qué Renacimiento?

R. Este trabajo se llamó así por dos motivos: porque es un renacer en mi obra después de varios años sin publicar un disco, y porque la base fundamental de casi todos los temas es la música renacentista y barroca, esencial en mi obra. A partir de esos pilares exploro distintos géneros cubanos menos conocidos e incluso algunos más olvidados como el changüí, que es una variante específica del oriente cubano y con raíces más profundas en Europa y África. En muchos de los temas se combinan dos estilos musicales, transitando desde una primera parte clásica a un género más contemporáneo o esencialmente cubano en la segunda parte de la composición.

P. En las letras también hay cargas de profundidad. En Canto a La Habana dice: “La Habana siempre es mi guía/ Limpia y bonita como fue ayer/ mustia y marchita como está hoy”.

R. La Habana es una de las ciudades más mágicas del mundo aun cuando se está cayendo. Es una canción de alabanza, pero al mismo tiempo contiene la tristeza por el hecho de cómo la han dejado caer en la “miseria y la soledad”, como digo en la canción.

P. En Dulces recuerdos se recrea el día en que se legalizó el Partido Comunista de España. “El recuerdo no marchita tu belleza de esa noche,/ pero el tiempo se ha encargado de matar otros anhelos/ y me lleva hasta París 68, cuando juntos contemplábamos un cartel que nos decía: ‘Marx ha muerto, Dios no existe...”. ¿Vale también para Cuba?

R. Aquel día estaba en Madrid y sentí la euforia de aquella cantidad de gente que corría hacia la Cibeles a celebrarlo. Yo también lo celebré hasta la madrugada. Por mucha universalidad que tengan mis canciones, es raro que no incluya a Cuba, y naturalmente Cuba también está ahí y forma parte del fracaso del socialismo real, del que hablo en ese tema.

P. Recientemente recibió un trasplante de riñón, que donó tu esposa Nancy. ¿Cómo le ha cambiado la vida?

R. Me siento extraordinariamente bien, me hago exámenes mensuales desde el trasplante y todos los parámetros están cerca de la perfección. Naturalmente me ha cambiado la vida, y eso implica el sacrificio de un cambio radical de costumbres.

P. Ese acto de amor de Nancy…

R. Efectivamente, fue un acto de amor inconmensurable. Cuando Nancy decidió donarme su riñón lo expresó ante mis hijos, mis amigos y los que me querían, con una convicción que no tuvo reproches de parte de nadie; demostró a todos que ese acto de amor era intocable.

P. ¿Cómo valora el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU?

R. En primer lugar, me llenó de regocijo el regreso de los presos cubanos, porque aquí siempre existió la convicción de que el juicio en EE UU estuvo amañado. Luego viene el restablecimiento de las relaciones, que para los cubanos del interior y del exterior, sin duda, es conveniente por la unificación definitiva de muchas familias. Ahora, tras 18 meses de conversaciones secretas, donde se supone que llegaron a acuerdos, las declaraciones de los gobiernos de ambos países me dejan desconcertado. Cuba no cederá un ápice en su posición y EE UU penetrará en todos los ámbitos que pueda para el supuesto desarrollo de la nación cubana. Siguen enrocados. ¿A qué acuerdos llegaron los dos si ahora se contradicen? Esa es mi duda: que ninguno ceda y que otra vez el pueblo cubano siga en su agonía sin salida, como está hace 50 años.

P.¿Las medidas aperturistas en Cuba han tenido efectos positivos, o sólo han incrementado las desigualdades?

R. Ni una cosa ni la otra. Siempre he dicho que esas aparentes aperturas han sido un simple maquillaje. Hay que ir al fondo, al pueblo de a pie para ver que nada ha cambiado.

P. En recientes entrevistas se ha referido a su paso por los “campos estalinistas” de la UMAP y a cómo este hecho interrumpió su carrera. Hasta ahora nunca ha ahondado en lo que pasó. Puede contarlo hoy…

R. Nunca me han preguntado tan directamente sobre las UMAP (irónicamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción). La prensa cubana no se atreve y la extranjera desconoce la nefasta trascendencia que tuvo aquella medida represora de corte puramente estalinista. Allí estuvimos, entre 1965 y finales de 1967, más de 40.000 personas en campos de concentración aislados en la provincia de Camagüey, con trabajos forzados desde las cinco de la madrugada hasta el anochecer sin ninguna justificación ni explicaciones, y mucho menos el perdón que estoy esperando que pida el Gobierno cubano. Yo tenía 23 años, me fugué de mi campamento —me siguieron 280 compañeros presos más de mi territorio— y fui a La Habana a denunciar la injusticia que estaban cometiendo. El resultado fue que me enviaron preso durante dos meses a la fortaleza de La Cabaña, y luego estuve en un campamento de castigo peor que las UMAP, donde permanecí hasta que se disolvieron por lo escandaloso que resultó ante la opinión internacional.

De allí, después de leerme Un día en la vida de Ivan Denisovich, de Aleksander Solzhenitsyn, que me envió un amigo, me di cuenta de que las ideas de un revolucionario no se desvían por los errores que cometen los dirigentes. De allí salí más revolucionario. La UMAP no fue un hecho aislado. Antes de 1966, Cuba se alineó definitivamente a la política soviética, incluyendo procedimientos estalinistas que perjudicaron a intelectuales, artistas, músicos. Según la historia, en 1970 comenzó lo que se llamó el quinquenio gris, y yo digo que realmente comenzó en 1965 y fueron varios quinquenios.

P. ¿Y por qué después de todo esto siguió considerándose revolucionario y defendiendo la revolución?

R. El origen está en lo que significó Cuba en el año 59 para el mundo. Yo tenía entonces 15 años, y cuando profundicé en la realidad social de América Latina me convertí en un revolucionario. Esas ideas no solo cuajaron en mí, sino en todos los países latinoamericanos. Los ideales que profesábamos eran los más puros que se podían tener en aquella época. Otra cosa hubiera sido traicionar mi pensamiento, así que, aunque se cometieran errores, vi que había que defender la idea original… y todavía la defiendo. Yo asumo el pasado, y tengo claro lo que pienso. Apoyo la revolución ciudadana de Correa en Ecuador y la de Evo Morales. Y para mí el ejemplo más grande de revolucionario en América es José Mujica, encarcelado durante 14 años y después un hombre sin rencor, capaz de crear un Estado libre, soberano, no dependiente y próspero.

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Crece el número de viajeros desde EEUU a Cuba

viajes-eeuu-cubaPor Diario de Cuba

Compañías de Estados Unidos que ofrecen vuelos a Cuba han percibido una explosión en la demanda desde la introducción de cambios en la política hacia la Isla promovida por Barack Obama.

Según publica este miércoles Newsweek, la compañía Marazul Charters recibió, en dos semanas, 1.300 demandas de grupos de estadounidenses interesados en viajar a la Isla. El año pasado, en el mismo periodo de tiempo, recibió tan solo 30 peticiones.

El vicepresidente de la compañía, Bob Guild, comentó que está advirtiendo a sus clientes de que no podrán viajar hasta abril o mayo.

El aumento en la demanda anima las previsiones en el aeropuerto internacional de Tampa que, según Newsweek, ha notado como su página web dedicada a vuelos hacia la Isla, GoToCuba.org, ha experimentado un aumento de 1.580% en el tráfico de visitas desde el anuncio de Obama en diciembre.

Aerolíneas como American Airlines, Delta, JetBlue, Southwest y United han expresado su interés en volar a Cuba, y representantes de Priceline Group y Orbitz han explicado a Newsweek que tienen muchos deseos de poner a Cuba en sus buscadores. Kayak, otro sitio de búsqueda de vuelos de Priceline, ya ha añadido la información de hoteles y vuelos a la Isla en sus resultados de búsquedas.

Ley antiembargo al Congreso

Tomado de DW, por Agencias

Cinco senadores demócratas y republicanos presentaron el jueves un proyecto de ley que busca levantar el embargo estadounidense de más de cinco décadas contra Cuba, casi dos meses después de que el presidente Barack Obama anunció medidas para normalizar las relaciones con la isla de Gobierno comunista.

“Cincuenta años de embargo no han asegurado nuestros intereses en Cuba y han perjudicado a nuestras empresas restringiéndoles el comercio con un mercado de once millones de personas a sólo noventa millas de nuestras costas”, afirmó la senadora demócrata por Minesota Amy Klobuchar (en la imagen, tomada en diciembre) en declaraciones recogidas por la radio pública de ese Estado.

El proyecto revoca provisiones de leyes anteriores que impedían a los estadounidenses hacer negocios con Cuba, pero no deroga partes de la legislación en lo referente a reclamos sobre derechos humanos o propiedad contra el Gobierno de la isla, según dijeron los promotores de la medida.

La principal es Klobuchar, a la que acompañan los también demócratas Patrick Leahy, Richard Durbin y Debbie Stabenow y los republicanos Jeff Flake y Mike Enzi. Son conscientes de que el Proyecto de Ley encontrará una gran oposición en el Congreso, pero pretenden, al menos, abrir el debate sobre una normalización de las relaciones económicas entre Cuba y Estados Unidos.

Siguen atacando la ley de ajuste cubano

Tomado de Café Fuerte, por LA Times

El diario estadounidense Los Angeles Times consideró que la política migratoria de Estados Unidos hacia Cuba es obsoleta y llamó al Congreso a revisar la Ley de Ajuste Cubano (CAA) para terminar con el trato especial que reciben los ciudadanos provenientes de la isla.

“El mundo ha cambiado desde que la Ley de Ajuste Cubano de 1966 entró en vigor, y el Congreso debe revisarla para poner fin a este tratamiento especial”, señaló un editorial del periódico, titulado “Otra política obsoleta de EEUU hacia Cuba: la inmigración“.

El artículo menciona que la legislación fue un salvavidas para los refugiados cubanos que escapaban del régimen de Fidel Castro desde los años 60, pero considera que en la actualidad se ha convertido incluso en un mecanismo que protege a delincuentes involucrados en fraudes y negocios turbios en Estados Unidos para luego escapar con el dinero a la isla.

“Al igual que el embargo comercial y otras sanciones de Estados Unidos contra Cuba, esta consideración especial ha sobrevivido a la utilidad que podría haber tenido hace 50 años. Estados Unidos debe tratar a los cubanos sin diferenciarlos de los potenciales inmigrantes del resto del mundo”, concluye el editorial.

La pedrada de Los Angeles Times contra la CAA se produce en momentos en que numerosas voces en el Congreso comienzan a plantearse la necesidad de reformarla para evitar el abuso de beneficios por parte de los emigrados cubanos.

A favor de una revisión

Los congresistas cubanoamericanos figuran entre los partidarios de revisar las cláusulas de la ley y dejarla exclusivamente para proteger a los perseguidos políticos, no a emigrados económicos.

Influyentes publicaciones como The New York Times y Chicago Tribune están dedicando cada vez más atención al tema de la CAA, que anualmente permite regularizar su estatus en EEUU a unos 30 mil cubanos.

El primer golpe de la prensa estadounidense contra la CAA se remonta a febrero del 2013, apenas un mes después de que entrara en vigor la reforma migratoria de Raúl Castro. En esa ocasión, editorial del diario Chicago Tribune consideró que la  legislación se ha convertido en un asunto delicado y sugirió que deben aplicarse a los cubanos las mismas reglas que pesan sobre los inmigrantes económicos procedentes de otros países.

“Uno no huye del comunismo sólo para volver en repetidas ocasiones con una maleta llena de dinero y de mercancías para la familia”, afirmó entonces el Chicago Tribune.

No se descarta que a mediados de este año, el Congreso incluya el tema de la CAA en los debates sobre inmigración.

Reproducimos a continuación el editorial de LA Times:

Otra política obsoleta de estados unidos hacia Cuba :La inmigración

La Ley de Ajuste Cubano, de 1966, que da un estatus especial a los inmigrantes cubanos en Estados Unidos, necesita ser actualizada

Bajo una política forjada en el crisol de la Guerra Fría, el gobierno de Estados Unidos trata a los cubanos que huyen de su país de un modo diferente al resto de los inmigrantes. En esencia, la política es: Si usted puede llegar aquí, usted puede quedarse. Pero el mundo ha cambiado desde que la Ley de Ajuste Cubano de 1966 entró en vigor, y el Congreso debe revisarla para poner fin a este tratamiento especial.

Las normas existentes son demasiado débiles. Aunque las leyes de inmigración limitan el número de otros inmigrantes legalmente autorizados a trasladarse a Estados Unidos, cada año, no hay restricciones en el número de cubanos. Y después de un año y un día de residencia, un emigrado cubano puede solicitar el estatus permanente y comenzar el camino hacia la ciudadanía.

La ley fue diseñada como un salvavidas para los refugiados políticos después de la revolución cubana de 1959, un éxodo que se hizo más peligroso en 1962, cuando Fidel Castro cerró los vuelos entre las dos naciones y los desesperados comenzaron a confiar en las embarcaciones. Cerca de 125,000 cubanos llegaron solo durante el éxodo del Mariel en 1980. A mediados de la década de 1990, los dos gobiernos decidieron reducir las travesías peligrosas. Bajo lo que se conoció como la política de “pies mojados, pies secos”, Estados Unidos acordó devolver los cubanos interceptados en el mar -a menos que hicieron una reclamación creíble de que enfrentaban persecución- sin dejar de aceptar los que lo hicieron por la tierra. Cuba también comenzó a permitir que más de 20,000 personas al año acepten visas estadounidenses a través de una lotería.

Sin embargo, los impacientes todavía vienen en bote, avión o por tierra desde México y Canadá. En estos días, la mayoría de las personas que huyen de Cuba están buscando trabajo, no la libertad, dicen los expertos, pues la flexibilización de las restricciones de viaje han hecho más fácil para la gente y el dinero ir y regresar. Sin poder ejecutar un tratado de extradición por ambos lados, los delincuentes cubanos han sido responsables de más de $ 2,000 millones en fraude y negocios delictivos en Estados Unidos durante los últimos 20 años, según una reciente serie investigativa del diario Sun-Sentinel, en Fort Lauderdale, Florida. Cuando la situación se complica, los delincuentes simplemente retornan a casa, fuera del alcance de aplicación de la ley de Estados Unidos.

Los criminales son, por supuesto, entes atípicos. Pero su presencia y las recientes medidas del presidente Obama para normalizar las relaciones diplomáticas con Cuba, han vuelto a centrar la atención en la falta de equidad sobre cómo Estados Unidos decide a quién permite la entrada al país. Al igual que el embargo comercial y otras sanciones de Estados Unidos contra Cuba, esta consideración especial ha sobrevivido a la utilidad que podría haber tenido hace 50 años. Estados Unidos debe tratar a los cubanos sin diferenciarlos de los potenciales inmigrantes del resto del mundo.

Desmitificando la sociedad civil cubana

Por Lenier González Mederos

Cuba, en un lapso de 5 años, ya no será gobernada por el liderazgo histórico que propició el triunfo revolucionario de 1959. Esa nueva dirigencia debe saldar varios desafíos económicos y sociopolíticos:

»    Acometer con éxito el tránsito de una economía centralizada (de comando) hacia una economía mixta (con control estatal sobre los sectores estratégicos), pero interconectada con las redes internacionales de creación de valor.

»    Lograr la inserción internacional del país en el sistema mundo, con énfasis en la arquitectura institucional hemisférica, sobre todo América Latina.

»    Concretar la anunciada transición de la “generación histórica” hacia el llamado “relevo político de Raúl Castro”, cuya cara visible es Miguel Díaz-Canel, pero donde podríamos imaginarnos otros nombres de personas jóvenes, asociadas a 1) las Fuerzas Armadas, 2) el Ministerio del Interior, 3) el aparato de relaciones exteriores, 4) niveles intermedios del Partido Comunista, y 5) otros civiles del entorno cercano al presidente Raúl Castro.

»    Reconstrucción de la relación bilateral con Estados Unidos, elemento primordial de estabilidad interna dentro de Cuba.

»   El fin del liderazgo carismático, y la gran transformación que ha tenido lugar en la sociedad cubana, así como el creciente proceso de transnacionalización de la misma, imponen una reconstrucción de la arquitectura institucional del país.

»   Rearticulación del consenso político interno en torno a las metas históricas de la nación (justicia social, independencia nacional, economía mixta y democratización política), intentando sumar a la mayor cantidad de cubanos posibles. Las actuales instituciones han quedado profundamente desconectadas de las nuevas generaciones de cubanos, dentro y fuera de Cuba. En este punto, el tema de la sociedad civil se vuelve crucial.

En tiempos recientes Roberto Veiga y yo hemos tenido la posibilidad de dialogar con muchos diplomáticos y políticos europeos de paso por La Habana, en el contexto de las iniciativas para lograr un nuevo marco de relaciones de la Unión Europea con Cuba; o sea, dejar atrás la llamada Posición Común. En esas conversaciones siempre ha salido a relucir el tema de la “sociedad civil“. Para algunas de estas personas, creo que la mayoría, la sociedad civil cubana es sinónimo, mecánicamente, de disidencia u oposición al Gobierno cubano.

Yo creo que lo mismo sucede aquí en Estados Unidos, donde ha prevalecido una caricatura de lo que es Cuba. Esa imagen nos dibuja un país donde existen dos bloques de actores enfrentados entre ellos: por un lado, un Gobierno comunista integrado por un grupo de malvados ancianitos vestidos de verde y, por otro, grupos de valientes opositores que se enfrentan tenazmente a ellos. Como telón de fondo de esta batalla épica, existen silenciosos obreros y campesinos.

Como podrán imaginarse, la realidad cubana es mucho más rica que eso. Podemos hablar, en los últimos años, de un incremento de lo que algunos sociólogos califican como “densidad” de la sociedad civil cuando analizamos la realidad cubana. Este aumento de la “densidad” se constata en la emergencia y, muchas veces, precaria subsistencia, de redes asociativas que defienden temas diversos.

Parto de la relectura que hace Nancy Fraser de Jürgen Habermas sobre la “sociedad civil”, según la cual, esta no se define necesariamente por ser un bloque homogéneo en confrontacionalidad a un aparato represor que amenaza con intervenir en su historias privadas. La definición es mucho más heterogénea: lo que mejor caracteriza una verdadera autonomía de la sociedad civil no es su capacidad de confrontación con respecto al Estado y su ideología, sino su eterna capacidad de: 1) generar su propia voz (autonomía) y 2) resetear las reglas del diálogo, en cualquier tipo de contexto socio-político (capacidad de incidencia en la sociedad).

Siempre imagino a la sociedad civil cubana estructurada en tres grandes bloques:

1) La sociedad civil oficial, es decir, las redes asociativas vinculadas al gobierno cubano. Aquí encontramos a las llamadas organizaciones políticas y de masas y los sindicatos, muchas de ellos criaturas representativas de la institucionalidad revolucionaria que nace luego de 1959, después del colapso de la arquitectura de la Segunda República (FMC, ANAP, CDR, etc.). Se trata de espacios que, en muchos casos, han visto desvirtuada su identidad institucional y han terminado siento coaptados por el Partido Comunista como mecanismos verticales de transmisión. Ello no quiere decir, en lo absoluto, que hayan dejado de tener impacto en la cotidianidad de sectores importantes del país, aunque con una influencia erosionada. Encontramos, también, a los centros de investigación, universidades, la gran red de espacios vinculados al sistema de la cultura a nivel nacional, más un largo etc. Allí es posible encontrar a los mejores intelectuales y cientistas sociales cubanos, personas con un análisis agudo de las principales problemáticas nacionales y sus potenciales soluciones.

2) En un segundo bloque encontramos a la sociedad civil opositora, que nace al calor de la crisis de los 90, pero que a estas alturas ya ha logrado renovarse tanto en nuevos actores como en nuevos proyectos. Siempre me gusta utilizar el atinado análisis del latinoamericanista alemán Bert Hoffmann para caracterizar a este espectro de la sociedad civil cubana. Subraya Hoffmann el hecho de que una alta politización, caracterizada por la confrontación, hace que cualifiquen más como “una sociedad política opositora, que como una sociedad civil que articula intereses sociales específicos”. Explica que “aun cuando ellas se constituyen como asociaciones profesionales, la polarización política imperante las ha transformado de inmediato de forma tal que su primera y principal definición es la de ser anti-gobierno” (Hoffmann en Alonso 2002:36-45). Las élites políticas en la ciudad de Miami lograron construir la percepción mediática ¿objetivo político que lograron a cabalidad?, de que este pequeño sector de la sociedad, era “la sociedad civil cubana”.

3) En un tercer bloque encontramos a la sociedad civil no opositora, a mi juicio el sector más dinámico e interesante en la Cuba actual. A esta fracción pertenecen, por ejemplo, las redes asociativas vinculadas al espectro religioso cubano, con sus diferentes grados de estructuración. Sin embargo, el accionar de buena parte de los proyectos en este sector, en términos de visibilidad y dinamismo, cobra fuerza en Cuba luego del relevo del poder en 2006. Gracias al ensanchamiento del acceso ciudadano al ciberespacio, al surgimiento de redes alternativas de circulación de la información, a la reactivación del debate público luego de la llegada de Raúl Castro al poder y a la estructuración de “micro esferas públicas” para el debate, etc., se han podido desplegar agendas y quehaceres desvinculados de la perpetua dinámica de conflicto contra el Gobierno cubano. Encontramos acá movimientos sociales por la reivindicación de los derechos de los negros cubanos, de los derechos de los homosexuales, por la preservación del medio ambiente, una cantidad asombrosa de proyectos culturales y barriales, y publicaciones digitales e impresas que han acompañado creativamente el proceso de reformas que vive el país, haciendo propuestas en ámbitos económicos, culturales y políticos. Se trata de proyectos que, en algunos casos, orbitan en la periferia de instituciones oficiales y en otros, completamente fuera de ellas. Muchos de esos proyectos han padecido la suspicacia y el monitoreo por parte del Gobierno cubano. Cabe agregar aquí al emergente sector privado, que con un dinamismo increíble y con pleno apoyo gubernamental, ha hecho su entrada en el contexto nacional.

En el actual contexto que vive el país, donde se trata de construir una transición del liderazgo histórico hacia una nueva generación de actores, el tema de la sociedad civil alcanza una dimensión crucial como potencial elemento generador de consensos, más allá de los apoyos que el relevo político pudiese tener en los poderes fácticos cubanos. El grueso de la responsabilidad en este tema recae sobre los hombros del Gobierno cubano, quien tiene y tendrá un papel clave en el desafío de moverse de una posición de parte a una de garante de la diversidad nacional, mediante la institucionalización del pluralismo.

Cuba no es solo su Gobierno, sino también su sociedad. Esa sociedad se ha trasformado aceleradamente en los últimos años. En la sociedad civil se ha ido desdibujando la férrea dicotomía entre revolucionarios y contrarrevolucionarios. En esa visión bipolar de la política cubana los extremos enfrentados exigían plena lealtad, y todo lo que se saliese, apenas un milímetro, de las dos narrativas establecidas, era tildado de traición.

Desde hace algunos años, el activismo social en Cuba dejó atrás esa manera rígida de asumir la realidad, y podemos encontrar un grupo amplio de actores sociales que, sin estar vinculados a los estamentos oficiales dentro de Cuba, ejercen un quehacer crítico que no implica una ruptura con “lo revolucionario”. Más bien han ido llenando el término de nuevos significados: “lo revolucionario”, lo legítimo, en Cuba hoy se ha ido ensanchando positivamente. En tal sentido “la calle”, es decir, el espacio público, ha sido también de las comunidades religiosas (que han celebrado actos públicos multitudinarios a todo lo largo y ancho del país), “la calle” también es del movimiento LGBT (que cada año celebra marchas y “besadas”), “la calle” es también del movimiento por los derechos de los negros cubanos (que anualmente celebra sus fechas más importantes con actos públicos). Este activismo social de nuevo tipo no está vinculado a la oposición tradicional dentro de Cuba, pero su acceso a la esfera pública tampoco ha caído del cielo ni ha sido un regalo de nadie, sino el fruto de una ardua y constructiva lucha de amplios sectores nacionales. Esos grupos de la sociedad civil han vencido en buena medida el recelo de los sectores oficialistas tradicionales, y han ganado legitimidad y acceso a la esfera pública.

En Cuba se hace necesaria una Ley de Asociaciones heterodoxa y flexible, que dé cabida en su seno a toda la pluralidad de actores que pujan en la sociedad cubana. En un escenario de distención con Estados Unidos, el gobierno cubano tiene el imperativo moral y político de convertirse en garante de toda la pluralidad política e ideológica del país. De esta nueva legislación podría emanar una regeneración de la sociedad civil cercana al Gobierno cubano, y la necesaria institucionalización de la sociedad civil “consentida o tolerada”. A los sectores de la sociedad civil opositora que en el pasado han trabajado acoplados con los andamiajes internacionales de confrontación contra el gobierno cubano, obrando para el “cambio de régimen” o las “primaveras cubanas”, les costará mucho trabajo poder insertarse en este nuevo momento que vive el país.

Una reformulación del consenso político en Cuba sobre las bases de las metas históricas de la nación, implicaría el desmontaje de la arquitectura institucional de corte soviético, entre otras cosas, porque desconoce la pluralidad política nacional. El relevo político cubano tiene el desafío de desatar dinámicas despolarizadoras, que permitan buscar sinergias y negociaciones con grupos de cubanos de ideologías disímiles –dentro y fuera de la Isla– pero comprometidos con esas metas históricas. Necesitamos construir instituciones que sean capaces de procesar el pluralismo.

*Los días 27 y 28 de enero de 2015 un grupo de emprendedores, blogueros, cineastas e intelectuales cubanos viajaron a Washington DC para intercambiar con políticos, diplomáticos, periodistas, empresarios y académicos estadounidenses y cubanoamericanos, en un encuentro organizado por el proyecto Cuba Posible y el Cuba Research Center. El texto anterior constituye una ponencia presentada durante esta cita.


Cuba: apuntes acerca de sus actuales desafíos políticos

Por Roberto Veiga González

Las actuales circunstancias en Cuba exigen consolidar, en poco tiempo, todo un universo de equilibrios con capacidad para asegurar el desarrollo social, sin atravesar por situaciones convulsas. Convencidos de esto, muchos optamos por un sendero de reformas signado por una integración gradual de toda la pluralidad socio-política-cultural en el desempeño de la institucionalidad establecida y que las dinámicas positivas que emanen de esa interacción ajusten las instituciones hacia un diseño más liberador y democrático.

La economía cubana demanda una pronta e intensa evolución, porque la satisfacción de las necesidades constituye el primer elemento de estabilidad social y de legitimidad de cualquier modelo político y de todo gobierno. Este desafío exige el desempeño de una sólida economía mixta, insertada en el entramado económico global, y el diseño de un modelo de redistribución equitativa de la riqueza, lo cual constituye una de las metas históricas de la nación. Y esto no será posible sin una contribución efectiva de países importantes.

Igualmente, hemos de tomar conciencia de que se conseguirá un desarrollo económico acelerado capaz de contribuir al equilibrio social, solo con una dinámica activa del movimiento sindical. Esta organización está forzada a congregar a los trabajadores y a reivindicar sus propuestas. Sin el desempeño efectivo de los sindicatos siempre será difícil acercarse al progreso armónico entre el decurso de los mecanismos económicos y los intereses sociales.

Esta temática nos remite a la cuestión de la sociedad civil. Resulta difícil definir quiénes serían ahora los representantes de la misma. Las asociaciones establecidas, que han participado en el diseño del sistema, conservan vigencia, pero su naturaleza institucional padece de agotamiento, porque dadas las circunstancias históricas y políticas, no siempre han conseguido el justo equilibrio entre la representación de los intereses sociales definidos por las instancias oficiales y los intereses de los sectores que aglutinan. Opino que estas instituciones han de iniciar un sendero de reposicionamiento que les permita recuperar su universo de sentidos. Por otro lado, desde hace años tenemos una realidad nueva, marcada por el quehacer de una multiplicidad de actores y de proyectos autónomos, que en unos casos funcionan en la periferia de la institucionalidad legal, en otros casos fuera de ella y en algunos casos en confrontación directa y vertical con la misma. En tal sentido, los actores y proyectos que hemos alcanzado visibilidad pública durante los últimos años no podemos reclamar el derecho de representar a segmentos sociales, pues ha faltado la posibilidad de legalizarnos, de institucionalizarnos, de trabajar con facilidades para consolidar nuestro desempeño dentro de la sociedad, de apreciar quiénes consiguen o no consolidarse y de conocer finalmente a quiénes la ciudadanía le concede cuotas de representación. La factibilidad de trabajar para conseguir esto, sí la debemos reclamar ahora. Por eso, confiamos que la nueva Ley de asociaciones, sobre la cual se trabaja actualmente, asegure la institucionalización de la nueva subjetividad social y, como es justo, le exija, a su vez, responder a los intereses compartidos de la nación.

Lo anterior podría demandar una nueva Ley electoral, pues la mayoría de los cubanos sostiene que los candidatos al parlamento provengan preferentemente de las instituciones sociales no partidistas, y en el futuro próximo podríamos contar con un novedoso tejido asociativo. En esto parece haber cierto consenso, aunque escuchamos diversas opiniones acerca de cómo debería ser diseñado el proceso. Ya existe, deseo señalarlo, algún debate público en torno al tema, en el cual aspiro participar.

Otra necesidad social se refiere al empeño de continuar promoviendo un pueblo educado. Para eso se hace necesario una profundización y diversificación de los quehaceres educativos, culturales, espirituales e informativos. Esto podría redundar en un desempeño cada vez mayor de la libertad responsable y en una orientación más sólida acerca de la justicia. Ello, seguramente, contribuiría además al fomento de cierta mística del deber en torno al bien de Cuba y de cada cubano, a partir de la cual sea posible el reconocimiento de la diversidad social y el desempeño armónico de la misma.

En un contexto de esta índole estaríamos forzados a procurar un esbozo, bastante acabado, de la posible modernización del actual modelo de Estado. Todo parece indicar que la Cuba profunda anhela que, al hacerlo, seamos capaces de asegurar que el ideal de República re-diseñado garantice la centralidad de la ciudadanía.

Al cincelar dicha modernización estamos obligados a discernir sobre algunos aspectos. Algunos de ellos son: 1) El ensanchamiento de las posibilidades para que la ciudadanía y las instituciones puedan controlar el respeto y la promoción de los preceptos constitucionales. Esto contribuiría a la realización de la justicia y al cumplimiento de la legalidad, y aportaría al desarrollo de la cultura jurídica. 2) El reforzamiento de la profesionalidad y la autoridad del sistema judicial. 3) El mejoramiento del funcionamiento de la Asamblea Nacional, lo cual demanda que sea más activa y sistemática, y se modifique la manera de elegir a los diputados, para que pueda existir cierta competencia sobre la base de las proyecciones de los candidatos, e igualmente alcanzar una interrelación sistemática y positiva entre los representantes y los ciudadanos. 4) El rediseño de la manera de elegir al jefe del Estado y del Gobierno. El capital político que otorgó el poder a Fidel Castro y a Raúl Castro, no estuvo dado por la ratificación que les concedió la Asamblea Nacional. A un nuevo político podría resultarle difícil gobernar si no arriba a dicha responsabilidad a través de otros mecanismos que le otorguen base, legitimidad y autoridad. 5) Comprender que esta dinámica social demanda un gran desempeño político. Esto hace forzoso pensar sobre la factibilidad de salvar la capacidad del PCC para hacer política en medio de toda la sociedad. En tal sentido, he planteado en ocasiones la posibilidad de privar al PCC de los elementos que lo colocan como un mecanismo de control, por encima de la sociedad y del Estado. Esto privaría de cargas innecesarias a la sociedad y a las instituciones públicas, y ubicaría al PCC en una dinámica más apropiada a su naturaleza institucional. Ello forzaría al partido a conseguir su hegemonía, no por medio de prebendas jurídicas, sino a través de un ejercicio agudamente político; y dicha circunstancia aportaría bien al PCC y a la cultura política de la población. 6) También podría resultar beneficioso crear garantías para asegurar que si la realidad estableciera el pluripartidismo, este deba ser leal a las entrañas de la cubanidad; y que, ya sea en medio de una pluralidad de fuerzas políticas o ante la existencia de un partido único, estos no puedan secuestrar la soberanía popular. 7) Deberíamos poder llegar, con suficiente claridad, a un momento como el delineado, para entonces finalizar el anunciado proceso de reforma constitucional. No se debe procurar culminar dicho quehacer, sin un camino previo que oriente sobre el futuro de estos aspectos fundamentales.

Otro reto importantísimo está relacionado con la eficiencia de los sistemas de seguridad; aunque ello disguste a quienes, con razón, desean defender los ideales de una democracia civil que reduzca al máximo el rol de estos mecanismos. La sociedad necesita confiar en que, para promover su desarrollo, cuenta con el apoyo de la fuerza de las armas, y que estará adecuadamente resguardada ante la corrupción y la criminalidad que pueden desatar un proceso de liberación creciente. Por otro lado, nuestras características geográficas exigen de una estrategia, de unos mecanismos y de una profesionalidad de los sistemas de seguridad, pues nuestros tantos kilómetros de costas y nuestra cercanía a Estados Unidos podrían convertir al país en la capital de la mafia.

Deseo destacar aquí que la deseada consolidación de las relaciones entre la Isla y Estados Unidos aportará decididamente al desarrollo y a la estabilidad del país. En este momento se han abierto las puertas de un escenario clausurado por más de medio siglo, que puede contribuir al sosiego social y por ende a una evolución, incluso, de nuestro modelo político. Sin embargo, deseo reconocer que el proceso estará marcado por complejidades, que conseguiremos sobrepasar únicamente a través del respeto, la comprensión y la creatividad. Existen temas puntuales que pudieran dificultar dicho avance. Me referiré a una de estas cuestiones.

El asunto de los Derechos Humanos en Cuba resulta un tema que muchos incorporan como condición para desarrollar las relaciones bilaterales. Considero que constituye una cuestión a dialogar. Sin embargo, al hacerlo hemos de considerar la materia atravesada por las circunstancias que han influido sobre la misma. De lo contrario, los juicios podrían resultar errados y se dificultarían las posibles soluciones. En tal sentido, deseo exponer algunas precisiones.

Si apreciamos la actual práctica social en Cuba, podríamos sostener que prevalece una concepción que privilegia la igualdad y los derechos sociales. Ambos ideales resultaron ser aspiraciones que no se estimaban satisfechas en nuestra época histórica conocida como republicana. Atentaban contra dicho propósito ciertas visiones que, desde sectores influyentes en la Isla y en Estados Unidos, privilegiaban los denominados derechos individuales en detrimento innecesario de los derechos sociales y de la igualdad. El forcejeo entre estas tendencias provocó que con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, que contó con el apoyo de amplios sectores populares, ávidos de igualdad y derechos sociales, comenzara un proceso de exclusión de las visiones liberales y de los mecanismos que le ofrecían poder. Esto favoreció el establecimiento de derechos sociales y de marcos de igualdad. Sin embargo, limitó ciertas libertades, así como las relaciones de la Isla con países importantes. Esto condujo a un modelo de resistencia, pero no a un modelo de desarrollo. Por ello, estamos obligados a completar la obra. Se hace imperioso ensanchar las libertades restringidas y asegurar que a través de ellas no se restablecerá aquel pasado signado por una concepción que legitimaba la desigualdad.

La realidad muestra que únicamente sin los obstáculos que emanan de un clima hostil entre Cuba y Estados Unidos, podríamos conseguir el universo de estabilidad interna necesaria para afrontar, con éxito, el ensanchamiento de esas libertades, una adecuada apertura política y un sereno ajuste de la institucionalidad nacional. Por eso, quienes deseamos el bienestar de Cuba, y el entendimiento y la colaboración entre los dos países, tenemos la obligación de comprometernos para que esta apertura conseguida, con el esfuerzo de muchos, nos conduzca al éxito.

*Los días 27 y 28 de enero de 2015 un grupo de emprendedores, blogueros, cineastas e intelectuales cubanos viajaron a Washington DC para intercambiar con políticos, diplomáticos, periodistas, empresarios y académicos estadounidenses y cubanoamericanos, en un encuentro organizado por el proyecto Cuba Posible y el Cuba Research Center. El texto anterior constituye una ponencia presentada durante esta cita.


Los derechos humanos en Cuba. Apuntes críticos

Por Michel Fernández

Probablemente uno de los temas que más desate las pasiones políticas y las discusiones sobre Cuba es el de los Derechos Humanos. Generalmente en estos debates, descalificaciones o críticas, se parte de un cuestionamiento del sistema político cubano y su orden constitucional. Temas como el monopartidismo y las limitaciones de los derechos políticos y civiles, centran las críticas contra el sistema cubano, llegando incluso a cuestionarse si en Cuba existen los derechos humanos.

Lo cierto es que Cuba posee un orden constitucional, tiene reconocidos la inmensa mayoría de los derechos que hoy existen, con instrumentos de garantías para estos, y participa en los mecanismos internacionales de protección de los derechos de los que la Isla es parte. Los cubanos disfrutan de muchos de estos derechos como la cosa más natural del mundo, en muchas ocasiones sin la percepción de que están ejerciendo un derecho.

La Constitución cubana de 1976, cuya reforma más importante fue la de 1992, tiene el indudable influjo del constitucionalismo de los países socialistas europeos de entonces. La forma en que se estructura el sistema político y los principios de funcionamiento del Estado, principalmente el centralismo democrático y la unidad de poder, son una herencia del constitucionalismo del mal llamado “socialismo real“. Desde la perspectiva de los derechos, hay dos aspectos que han condicionado, desde el punto de vista jurídico, el ejercicio de estos: uno es que la Constitución es una norma política y no una norma de aplicación directa, criterio que no está ni en la Constitución, ni en ninguna otra norma legal, pero que sin dudas ha lastrado sus potencialidades en materia de derechos humanos. Puntualmente se han dictado fallos judiciales basados en preceptos de la Constitución y esa idea de que la Constitución no puede ser utilizada por los operadores del Derecho como norma de aplicación directa es cada vez menos aceptada. Desde mi perspectiva, aún es muy limitada la utilización de la Constitución como norma jurídica fundamental por los operadores del Derecho en el tráfico jurídico. El otro aspecto es que muchos derechos definidos constitucionalmente (libertad de palabra y prensa, relaciones Estado/instituciones religiosas) remiten a leyes para su desarrollo y en muchos casos esas leyes nunca se han promulgado, por lo que nos encontramos ante el fenómeno de derechos cuyos límites y forma de ejercicio no están claramente definidos. En estos casos se pasa del reconocimiento constitucional del Derecho, a la tutela penal del mismo o a la sanción penal por incurrir en algunos de los delitos tipificados en las leyes penales, quedando la parte más importante que es el ejercicio del Derecho, sin una regulación legal, más allá que el de la Constitución.

En estos momentos Cuba está viviendo un intenso proceso de cambios sociales, económicos y políticos. Desde las perspectiva socioeconómica, el Estado está redefiniendo sus roles en la economía, dejando de ser el actor casi exclusivo y abriendo importantes espacios a nuevas formas de organización no estatales. El auge de estos nuevos sujetos (cuentapropistas, cooperativas, inversión extranjera) sin dudas es todo un reto en materia de derechos humanos en dos sentidos. Uno es el relativo a su actuación social, cuáles son los derechos y garantías con que cuentan estos “nuevos” sujetos, principalmente ante la administración, para poder desarrollar su función social sin una elevada carga administrativa que lastre sus fines. El otro es el de los derechos de las personas que se relacionen con estos “nuevos” sujetos, ya sea como usuarios o empleados; pues deben contar con los mecanismos de garantías para poder actuar en caso de que estos nuevos actores económicos violen sus derechos. Es importante resaltar este aspecto, ya que anteriormente el sujeto casi exclusivo en las relaciones económicas que brindaba todos los servicios era el Estado, por lo que estos mecanismos de defensa no tenían en su momento mucho sentido, ya que todo quedaba dentro del Estado. Es oportuno señalar que siempre han existido mecanismos de defensa, lo que en muchas ocasiones su utilización ha sido bastante complicada y los resultados muchas veces no eran los esperados.

Diversos factores han limitado el rol del Derecho en la sociedad cubana; esto ha influido en que no existe una elevada cultura jurídica de sus ciudadanos. El sistema legal cubano posibilita muchas acciones legales en materia de defensa de los derechos humanos que son muy poco utilizadas; principalmente, la posibilidad de presentar casos ante los tribunales o recurrir administrativamente ante acciones violatorias de estos realizadas por la propia administración. Desgraciadamente no cuento con los datos estadísticos de las veces en que prosperan los recursos presentados por las personas contra la administración, pero empíricamente se puede decir que en muchas ocasiones los tribunales modifican las decisiones administrativas y reconocen los derechos de las personas, vulnerados por la administración. En este punto, uno de los aspectos que más requiere de atención es la ejecución posterior de las decisiones judiciales. Otro elemento que debe ser superado son las cuestiones en las que los tribunales no tienen competencia y solo se pueden sustanciar estos procesos dentro de la administración sin la posibilidad de recurrir al órgano judicial (se han identificado más de diez casos en la legislación cubana en los que no hay posibilidades de acceso a los tribunales).

Condicionados por el momento histórico en que surge la Constitución cubana y las influencias que determinaron sus características, ya mencionadas anteriormente, hay un grupo de derechos y garantías que no cuentan con respaldo constitucional y están solo reconocidos a nivel de Ley, por ejemplo el derecho al medio ambiente sano, reconocido en la Ley de Medio Ambiente y el Habeas Corpus, reconocido en la Ley de Procedimiento Penal, unido a otros nuevos derechos y garantías, como el de la libre orientación sexual, o el Habeas Data, que no están expresamente reconocidos en el ordenamiento jurídico cubano.

En los casos de otros derechos que sí cuentan con leyes de desarrollo, como los derechos sociales (salud, educación, seguridad social, asistencia social, derecho al trabajo, etc.) es reconocido que sus niveles de cumplimiento son bastante elevados. El mayor impacto negativo en el ejercicio de estos derechos está dado por las afectaciones materiales en su ejercicio y por los problemas éticos y de preparación de las personas involucradas, debido también a que estos sectores no son los mejores remunerados (a excepción de los médicos que en el 2014 tuvieron un aumento significativo de sus salarios). En el caso de los derechos civiles y políticos, que cuentan con leyes de desarrollo, su análisis es más complejo, ya que la forma en que estos se regulan está determinada en las leyes específicas. Por ejemplo, en el caso del derecho de asociación, en Cuba existen más de dos mil asociaciones inscritas, de ellas más de mil son fraternales y el resto son científicas, de amistad, culturales, deportivas o de otros tipos, pero sin dudas, el procedimiento para crear nuevas asociaciones está marcado por una excesiva burocratización y por la ausencia de mecanismos de defensa jurídicos de las personas que desean crear nuevas asociaciones en caso de una negativa de la administración.

Entre los derechos más importantes para los cubanos, está el de la participación política, que necesita ser potenciado dentro de los cambios que están ocurriendo en el sistema político de la Isla. Quizás el elemento decisivo en garantizar una participación efectiva de los cubanos en los procesos políticos, es la descentralización de la toma de decisiones a nivel municipal y provincial, proceso que se inició experimentalmente en las nuevas provincias de Mayabeque y Artemisa; pero el mismo se ha centrado más en lograr la eficiencia administrativa y reducir la burocracia estatal que en potenciar la participación y los mecanismos de control popular sobre los gobiernos locales y los representantes electos. La participación no puede ser solo en los procesos electorales, sino principalmente en el diseño e implementación de las decisiones políticas, en la rendición de cuentas y en la posibilidad de revocación y control de los representantes electos, potenciando las facultades de los órganos colegiados de decisión.

En materia de derecho penal, tanto sustantivo como procesal, hay aspectos en los que el logro de un sistema más garantista no es difícil de alcanzar. Necesita ser cambiado el proceso penal, el que aún tiene componentes inquisitoriales, con secretismo e imposibilidad de contar con un abogado desde el mismo momento en que una persona es detenida, con períodos de detención sin que se inicie un proceso penal y con poca utilización y deficiente implementación del Habeas Corpus. En materia sustantiva, se deben tipificar de manera más definida algunos delitos, eliminar los estados peligrosos y debe ser eliminada por completo la pena de muerte como posible sanción, ya que esta no cumple ninguna función en el sentido de tener un efecto disuasorio y principalmente, porque es contraria al principio moral de “no matarás”.

Dentro de los mecanismos de defensa más utilizados en Cuba se encuentra la queja, ampliamente utilizada. La administración tiene la obligación de responder ante esta. Sin embargo, no se cuenta con un mecanismo específico de defensa de los derechos, ni en el campo institucional ni en materia procedimental. En el caso institucional, la Fiscalía tiene entre sus funciones la defensa de los derechos ciudadanos, y sus decisiones en esta materia cuando hay violaciones de la ley, son vinculantes para todos los sujetos; sin embargo, al ser esta institución también la responsable del ejercicio de la acción penal pública en representación del Estado, la función de defensa de los derechos debe ser más potenciada, o (como se ha discutido en Cuba) debe ser creada una institución solo dedicada a la defensa de los derechos. En materia de procedimientos, sería muy positiva la existencia de recursos específicos para la defensa de los derechos como el Recurso de Amparo, de amplia utilización en América Latina.

En materia de derechos humanos, Cuba no puede retroceder en los derechos conquistados, la universalidad y el goce de estos derechos nunca deberán ser limitados; en estos derechos, incluso, muchos países desarrollados no han alcanzado los niveles de Cuba.

En América Latina existe un nuevo constitucionalismo revolucionario y muy garantista de los derechos humanos, del que Cuba puede asumir muchos postulados. En momentos de cambios en la Isla, es imprescindible contar con derechos humanos efectivos y exigibles, siendo este uno de los componentes vitales para la construcción de la Patria en la que la ley primera “sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

*Los días 27 y 28 de enero de 2015 un grupo de emprendedores, blogueros, cineastas e intelectuales cubanos viajaron a Washington DC para intercambiar con políticos, diplomáticos, periodistas, empresarios y académicos estadounidenses y cubanoamericanos, en un encuentro organizado por el proyecto Cuba Posible y el Cuba Research Center. El texto anterior constituye una ponencia presentada durante esta cita.


Problemas de la democracia en Cuba

Por Julio César Guanche

Núcleos del concepto de democracia de 1959

1.       Soberanía nacional e independencia económica.

2.       El nacionalismo es una de las bases de la cultura política cubana.

3.       Justicia e igualdad social. Cuba llegó a ser el “primer Estado de bienestar de América Latina” (1975-1989).

4.       Participación popular, con gran presencia de mecanismos consultivos. Visión crítica sobre el carácter “despiadado” del capitalismo. Esta concepción, y los legados de los que proviene, son diferentes a la variante estadounidense del liberalismo.

Núcleos críticos de ese modelo democrático

1.       Partido único, ideología de Estado, penalización de la oposición, militarización de la cultura política.

2.       Monopolio estatal de la economía. Grandes limitaciones al mercado. Estancamiento de la competitividad y la productividad.

3.       Mucha administración, poca política: escasa agencia ciudadana, dependencia del gobierno, Estado autónomo.

4.       Institucionalización de la intolerancia y carencia de reconocimiento del pluralismo societal.

La democracia en lo social

Cuba cumplió los compromisos adoptados para 2010 respecto a los primeros cuatro Objetivos del Milenio: erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer y reducir la mortalidad de los menores de cinco años. Para 2015, debe cumplir los objetivos 5 y 6: mejorar la salud materna y combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.

En 2014 ocupó el lugar 44 (sobre más de 180) del Índice de Desarrollo Humano (IDH) (mide vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno). Según el “Índice de Desarrollo Humano No Económico”, se encuentra en el puesto 17 a nivel mundial y es el primero de los “países en desarrollo”.

Tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo. Cuenta con uno de los mejores sistemas de respuesta médica a desastres naturales (apoyo contra el ébola en África, misiones ante desastres en Paquistán, Haití, Honduras).

Por el bloqueo/embargo, Cuba “no ha tenido acceso a equipos médicos, medicinas ni materiales de laboratorio fabricados bajo patente estadounidense”.

No obstante, desde 2008, los gastos en educación, salud, bienestar social y vivienda, han disminuido como proporción del presupuesto del Estado y del PIB. El último dato público sobre pobreza en Cuba es de 2004: 20% de la población urbana.

La democracia en lo político

En 2007, la ONU borró a Cuba de su lista de Estados violadores de los derechos humanos. Cuba es Estado Parte en 42 instrumentos de derechos humanos. En ello, permitió, por ejemplo, la libertad de viajar y no existe hoy ningún condenado a pena de muerte. Sectores de la sociedad civil exigen la ratificación parlamentaria de los Pactos de Derechos Humanos, Sociales, Políticos, Culturales y Económicos y la posterior adecuación de la legalidad cubana a sus contenidos.

El PCC es partido único, y no reconoce tendencias en su interior. El Estado y las organizaciones sociales están subordinados al partido, lo que limita el desarrollo independiente de la sociedad civil y la representatividad del aparato estatal. Sin embargo, la sociedad civil ha construido por sí misma espacios de desarrollo.

Por la prensa internacional, es más conocida la oposición tradicional. Es ilegal, y solo en algunos casos, tolerada. Amnistía Internacional denuncia represión, acoso y detenciones de corta duración sobre este sector. Como consecuencia de acuerdos con la Iglesia Católica y con el gobierno de Estados Unidos ha habido excarcelaciones.

Existen además otros actores de importancia. Funcionan con o sin el PCC, tienen agendas propias, y se organizan y presionan para alcanzar intereses propios.

Como resultado del empoderamiento de la comunidad gay, el Gobierno provee cirugías de reasignación de sexo y tratamiento de reemplazo hormonal a personas transgénero, se hacen marchas de calle, y el Gobierno comenzó a votar a favor de resoluciones que apoyan los derechos de personas homosexuales en la ONU. Es un modelo potencial para expandir otro tipo de derechos civiles.

La comunidad afrocubana cuestiona que sigue sufriendo discriminación (condiciones de vivienda, acceso a empleos y emprendimientos mejor remunerados, beneficio en las remesas, acceso a alquiler de casas y autos, y a la tenencia de restaurantes y emprendimientos de servicios). Datos reflejan que los no blancos no padecen de una situación de exclusión o discriminación en las organizaciones políticas del sistema, pero su presencia en altos cargos de dirección política y empresarial es mucho más escasa. Se exigen políticas contra el racismo, que remuevan estructuras de discriminación y desigualdad.

Existe un gran debate crítico en el campo cultural. Aparecen nuevas formas cívicas de organización (por ejemplo, autoorganización de cineastas para obtener una ley de cine). Aumenta la blogosfera y las esferas públicas alternativas (comunicación a través de correos electrónicos y mecanismos privados de difusión de contenidos, como el “Paquete”: especie de Netflix, que circula en discos duros portátiles por todo el país a bajos precios). El hecho es correlativo a la exigencia de acceso con precios justos a Internet y de democratización de la prensa. Cerca del 27% de la población accede a Internet, aunque un informe de la Casa Blanca estimó que la penetración de Internet es de un 5%. El acceso privado actual tiene un costo muy alto, y ofrece servicios muy limitados.

Desde 1992 el Estado es laico. La Iglesia Católica ha sido interlocutora del gobierno. Se han construido instituciones religiosas, devuelto propiedades y multiplicado actividades de difusión y educación. Se ha elevado la visibilidad y el reconocimiento a las iglesias ecuménicas, y a la judía.

Una nueva generación, diferente a la de Fidel y Raúl Castro, ocupa puestos de poder en el país. De los 15 presidentes de las asambleas provinciales del Poder Popular, el 80% tiene menos de 50 años. Los dirigentes del PCC en los 167 municipios de Cuba tienen todos menos de 50 años (menos uno). La edad promedio del Consejo de Ministros de Raúl Castro es de 58 años. La del Comité Central del PCC es 57.

Un enorme desafío del Estado, el PCC y la sociedad civil, es convivir con la diferencia, despenalizar la resistencia cívica, política y pacífica, y legitimar la diversidad. Las políticas norteamericanas de apoyo al “cambio de régimen” deslegitiman a los actores internos que participan de ellas, y obstruye la colaboración de sectores civiles con el gobierno de Estados Unidos sobre temas de beneficio mutuo. El desarrollo de la sociedad civil, autónoma respecto al PCC y a las políticas de Estados Unidos, es el interés de una creciente “mayoría social” en Cuba y es central para un mayor desarrollo democrático.

La democracia en lo económico

Se diversifica la organización económica. Se orienta hacia una economía mixta, con sector nacional y extranjero, y con formas públicas, cooperativas y privadas.

A la Inversión Extranjera Directa se le otorga ahora un rol fundamental (son necesarios 2 mil millones anuales de inversión). Se ofrecen garantías a los inversionistas: exoneración del pago por 8 años del impuesto sobre utilidades, del pago de aranceles durante el proceso inversionista y del pago de impuestos por la utilización de la fuerza de trabajo.

Se descentralizan funciones que antes eran de los ministerios y pasan a empresas. De los ocupados en el sector estatal, el 49% laboran en empresas.

Hace 20 años, el 95% de las personas empleadas eran trabajadores estatales. Hoy en el sector no estatal de la economía labora alrededor del 26% de los ocupados, y tienen ingresos más elevados. La población que tenía acceso a moneda fuerte, hacia el 2010, fue estimada en un 60%. En 2015 serán desestatizadas 7.480 entidades económicas. Se espera que el 40% de la fuerza laboral pase al sector no estatal.

Se concede mayor espacio al mercado. No existe tope sobre las tasas de interés financiero, ni sobre salarios y precios. No está fijado un salario mínimo. No se impide la entrada de empresas privadas internacionales en la inmensa mayoría de la economía cubana. No existen restricciones (salvo para la Inversión Extranjera) sobre el desarrollo de mercados laborales flexibles.

Se diversifica la propiedad: gubernamental, pública, mixta, extranjera, cooperativa, privada, personal. Se permitió la compraventa de casas y terrenos, y de automóviles. Se mantiene un alto índice de propiedad por parte de quienes las habitan, cerca de un 85% de las viviendas del país. Se elevó a 99 años el tiempo en que los inversores extranjeros pueden utilizar tierras estatales para negocios inmobiliarios. Fueron extendidos el tiempo y la cantidad de tierra entregada en arrendamiento a campesinos privados.

Con esto, se han multiplicado los actores económicos e institucionales, lo que limita el monopolio estatal sobre la actuación política. Pero se consolidan estructuras de desigualdad e injusticia, con pocos canales de disputa. Los sindicatos tienen escaso papel como actor en disputa real de las condiciones de trabajo. El nuevo modelo se define oficialmente por lo que impedirá: «el plan prevalecerá sobre el mercado», «nadie quedará desamparado» y se «evitará la concentración de la propiedad».

Visiones sobre la democracia en una Cuba posible

»         Reclamo de mayor espacio jurídico y político a los ciudadanos para crear decisiones políticas y controlar y disputar las ya existentes.

»         Concepción interdependiente de los derechos: todos los derechos son recíprocamente necesarios.

»         Mayor peso al Derecho (hacer valer el papel de la ley frente al decreto y el reglamento) y del derecho a resistir el Derecho cuando su aplicación resulta ilegítima.

»         Democratización del acceso a la propiedad, frente a su monopolización y oligarquización, que garantice, o contribuya, a ganar en control sobre las condiciones propias de vida. Reclamo de función social y ambiental de la propiedad.

»         Reclamo de intervención pública orientada a romper las fuentes de reproducción de la exclusión y la injusticia.

»         Fomento de valores y de instituciones que favorezcan prácticas de reconocimiento y tolerancia. No es aceptable el “todo vale”. No valen la súper explotación y la precarización, el individualismo implacable, la corrupción, las prácticas mafiosas, ni clase alguna de discriminación.

»         La democracia es práctica de la dignidad nacional y de la dignidad de sus ciudadanos. Es democrático defender la soberanía nacional y la soberanía de los ciudadanos.

*Los días 27 y 28 de enero de 2015 un grupo de emprendedores, blogueros, cineastas e intelectuales cubanos viajaron a Washington DC para intercambiar con políticos, diplomáticos, periodistas, empresarios y académicos estadounidenses y cubanoamericanos, en un encuentro organizado por el proyecto Cuba Posible y el Cuba Research Center. El texto anterior constituye una ponencia presentada durante esta cita.


Reestructurar nuestra democracia

Por: Cubanum

La Constitución de la República de Cuba confiere a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) el papel de órgano supremo del poder del Estado, y que expresa la voluntad soberana de todo el pueblo.

Sobre la Asamblea Nacional recae la legalidad de la Nación, la planificación de sus principales lineamientos económicos, financieros y sociales. A esta instancia tienen que rendir cuenta las instituciones que administran los recursos del país, los dirigentes y todo aquel que incide en los destinos de Cuba.

La República Socialista de Cuba tiene como definición un gobierno unitario donde el poder legislativo y ejecutivo reside en el Parlamento y en una estructura perteneciente a este y elegido por este, el Consejo de Estado. Según los sistemas de gobierno clásicos tenemos aspectos de las repúblicas unipartidistas, donde el Jefe de Estado ha coincidido con el máximo dirigente del partido rector de la estructura política nacional (el PCC), y de repúblicas parlamentarias, donde el Jefe de gobierno es elegido desde el parlamento.

Los miembros de la ANPP (Diputados), en su mayor parte no son políticos profesionales, sino que son miembros de diferentes sectores de la sociedad, por lo que el parlamento en pleno se reúne en dos sesiones anuales. Estas sesiones son dedicadas principalmente al análisis y aprobación de los presupuestos y el seguimiento de la economía. Son pocas las leyes que se aprueban en pleno, la actividad legislativa generalmente está precedida por la discusión de los diputados desde las provincias o de las comisiones populares en dependencia del tipo de ley a aprobar.

La actividad legislativa y ejecutiva entre las dos sesiones anuales es atribución de los Consejos de Estado (CE) y de Ministro (CM). El CE, como se dijo anteriormente, es elegido, por la Asamblea, entre los diputados de la ANPP y el Presidente de este representa al Estado y al Gobierno. Cada Decreto-Ley y decisión que se toma en el CE debería ser luego ratificada o no por las comisiones de la ANPP. Las decisiones en esta estructura estatal son aprobadas por mayoría simple por lo que “por ley” no debe existir preponderancia del voto del Presidente del CE por encima del resto de los miembros.

Una característica legal es que, aunque existe un solo partido, y este es rector de los lineamientos sociales de la Nación, no presenta candidatos partidistas ni elige candidatos de conveniencia. Sin embargo, en la práctica los candidatos siempre pasan por el “filtro” del PCC. Además, también en la práctica, el Presidente del Consejo de Estado ha sido el Primer Secretario del Partido.

En esta época de cambios se requiere avanzar más en el carácter democrático de nuestra sociedad. Los diferentes actores sociales, comenzando por la población en general, buscan involucrarse más profundamente en la conformación de las estructuras dirigentes y en sus decisiones. Involucrarse para asegurar que verdaderamente representen los intereses del proyecto revolucionario nacional. Una de las opiniones que se escuchan seguido en la calle tiene que ver con la elección y conformación de nuestra representación en la ANPP y el Consejo de Estado.

En la práctica, la elección de estos componentes es indirecta, pues los integrantes del Consejo de Estado son elegidos por los asambleístas, al ser una estructura parlamentaria. Sin embargo, teniendo en cuenta que el CE representará a la Nación durante casi todo el período legislativo (debido al carácter temporal de los plenarios de la ANPP), existe la necesidad de llevar a otro nivel el carácter democrático de esta estructura. También se precisa que el parlamento sea más representativo de la voluntad popular dejando un número adecuado para las organizaciones de masa, políticas y personalidades destacadas. Aumentaría con ello la capacidad legislativa, la cual sería la misión primaria de la asamblea.

Por otra parte, debe aumentar los períodos de sesiones ordinarios en las legislaturas aumentando las discusiones en pleno de las leyes fundamentales. Sobre todo, aquellas que complementen los artículos de la Constitución de la República. Es imprescindible la dinamización de la actividad legislativa. Todo el año debe existir una discusión constante, sin estar necesariamente reunidos en plenario, consultando públicamente con el pueblo, con todos los sectores sociales.

La iniciativa de leyes para ser discutidas en la ANPP según la constitución es derecho de múltiples actores, desde las masas populares, las organizaciones de masa, sociales o políticas. Sin embargo, la mayoría de los proyectos de leyes que son promovidos por las organizaciones populares son engavetadas por los diferentes ministerios e instancias por las que tienen que pasar para llegar al parlamento. Han sido muy pocos aquellos que pasan y han sido, principalmente co-promovidos por las instancias políticas. La iniciativa legislativa popular ha sido coartada en la práctica.

Algunas sugerencias para perfeccionar y democratizar el trabajo de las estructuras nacionales legislativas y de gobierno son:

1.       La composición de la ANPP y las instancias parlamentarias provinciales y municipales debe ser al menos de un 60% de diputados y delegados elegidos en las bases, preferentemente a partir de los delegados municipales que cuentan con un trabajo reconocido por sus electores. El resto de los componentes deben elegidos por las organizaciones de masa, sociales y políticas en procesos profundamente democráticos desde la base, y no a partir de reuniones a nivel central, donde los directivos deciden quienes serán estos representantes. Ello conllevaría a una verdadera presencia de la “voluntad popular” y su representatividad.

2.       En la selección de los candidatos, a partir de su nominación popular, trabajará una Comisión de Candidaturas que no sea interferida por ninguna instancia social o política en sus funciones. Esta solo consultará con los factores necesarios y publicará la selección final priorizando la preferencia del electorado primario. O sea, estarán en la propuesta final aquellos candidatos con mayor posibilidades a ser elegidos sin importar la tendencia ideológica que tuviese este. Serían los propios electores de determinar si es el adecuado para representarlos.

3.       Generar las condiciones legales para que los Diputados de la ANPP y Delegados a las instancias territoriales puedan dedicar mayor tiempo a sus funciones de representación popular para los que fueron elegidos. Además, aumentar la autonomía de los delegados de base para actuar, con la autoridad de los representados, en las instituciones de poder. Estos cambios ayudarían a que los ciudadanos perciban que sus representantes son verdaderamente sus ojos, boca y sobre todo sus brazos en (y no ante) las instituciones del municipio, la provincia y el país.

4.       Al ser el Consejo de Estado la instancia representativa de la Nación durante la mayor parte del año, y su Presidente el Jefe de Estado y por ende de la República, la elección del Presidente y los Vicepresidentes debe ser por voto popular, a partir de candidatos elegidos entre los diputados. Esa candidatura será también de modo transparente y pública. Al ser elegidos los Diputados, en el transcurso de 15 días estos serán consultados por la Comisión de Candidatura para presentar públicamente candidatos entre los Diputados para estos cargos. La elección será una semana o 15 días después, y los elegidos serían presentados en la constitución de la legislatura de la ANPP. El resto de los integrantes del Consejo de Estado sería elegido por el pleno de la ANPP. El que sean Diputados es necesario por ser una estructura del Parlamento y además da la posibilidad de ser personas con experiencia de trabajo legislativo desde la base. Este proceso aumentaría el carácter democrático de las estructuras de gobierno popular y el ciudadano sentiría que forma parte directa de la elección de sus dirigentes.

5.       Es imprescindible la separación práctica del cargo de Presidente del Consejo de Estado y el 1er Secretario del PCC, debido al papel que debe jugar el Partido en la sociedad, en la cual no puede ser juez y parte. A nivel territorial están separados los cargos pues el Partido debe controlar y dirigir los lineamiento sociales pero no puede poseer facultades administrativas dentro del Estado. Los cargos de Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministro deben separarse, sino ahora, en un futuro mediato, siendo asumido el segundo por el Vicepresidente del Consejo de Estado en condiciones normales. Esto daría mayor poder de evaluación al Presidente del CE y al 1er Secretario del PCC sobre el gobierno.

6.       Las sesiones de trabajo ordinarias por comisiones y plenarias de la ANPP deben ser trimestrales en vez de semestrales como hasta ahora. Le daría una mayor capacidad legislativa a esta instancia para aprobar tanto las leyes complementarias a la Constitución, otras leyes necesarias para el desarrollo de la sociedad cubana, así como discutir los principales problemas y lineamientos para el país. Estas sesiones de trabajo deben ser transmitidas mayormente en vivo, aprovechando las posibilidades de la transmisión digital de TV y Radio en Cuba, tanto de canales presentes actualmente, como otros que pueden ser creados temporalmente para la ocasión.

Estas son alguna propuestas que pueden mejorar el trabajo de las instituciones que dirigen el país y tienen que llevar los lineamientos sociales y económicos de la Nación. Estas propuestas, por supuesto que son perfectibles, adaptables a la circunstancias nacionales e internacionales y además reflejan parte del sentir de buena parte del entorno del autor de este trabajo, así como de otros autores en los que se ha apoyado. No son las únicas propuestas, ni por mucho las más profundas, son unas de las tantas que quieren mejorar la sociedad. Solo aspiran a que la población pueda verse reflejada en las estructuras dirigentes y de gobierno y que transiten por el camino elegido para el desarrollo de la Nación.


El béisbol puede ser la primera industria de Cuba si termina el embargo

Tomado del NuevoHerald, por Pablo de Jesús.

El triunfo del equipo de Pinar del Río en la Serie del Caribe subió los bonos del béisbol cubano, que podría llegar a ser la primera industria de la isla si se retira el embargo estadounidense, y el deporte logra salir de la trinchera en que lo ha metido el diferendo Cuba-Estados Unidos.


El inicio de las conversaciones para la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha abierto una abanico de especulaciones en torno al tema.


Las Grandes Ligas tienen un ojo en el estadio Latinoamericano —la catedral del béisbol cubano—, y otro en la Casa Blanca.


“Cuba es un tema de gran interés para nosotros por dos razones principales, es una gran fuente de talento y cuenta con una gran tradición de béisbol, y nos encantan los países con grandes tradiciones de béisbol”, comentó recién a la cadena ESPN el comisionado de Major League Baseball Rob Manfred.


El historiador del béisbol cubano, Peter C. Bjarkman, considerado el norteamericano vivo que más sabe de la pelota caribeña, comentó a la AFP que si al final se retira el embargo y se restablecen relaciones, las autoridades de la isla establecerían un sistema similar al que existe en la Liga de Béisbol Profesional de Japón.


“De llegarse a un acuerdo diplomático, Cuba establecerá un sistema como Japón, donde los jugadores tienen que quedarse jugando en su país unos cinco o seis años, para luego aplicar para ser agentes libres. Pero si deciden irse antes, entonces no pueden firmar con Grandes Ligas”, comento Bjarkman.


“Como en Japón, las franquicias de Grandes Ligas tendrán que pagarle al club para poder negociar con el jugador, y después pactar con éste”, añadió Bjarkman.


Embargo, señala la Casa Blanca. Bloqueo, aclara el Palacio de la Revolución. Dos palabras para un mismo dogal. Y una trinchera entre ellas.


Por regulaciones de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros de Estados Unidos (OFAC), ningún cubano residente en la isla, ni organismos estatales, pueden recibir pagos en dólares por cualquier tipo de transacción.


En esta Serie del Caribe, el equipo Vegueros no pudo cobrar los $102,000 de premios que gana el campeón. Tampoco Gourriel, Cepeda y Despaigne pudieron recibir la compensación por quedar en el Todos Estrellas de la competencia.


“Definitivamente no hay premio en metálico. Se les entregarán los galardones individuales como miembros del equipo Todos Estrellas y el trofeo de equipo campeón, pero nada de premio en metálico, porque lamentablemente, existe un embargo por parte de Estados Unidos que lo impide”, dijo Puello Herrera momentos antes de comenzar la final México-Cuba.


El béisbol es una religión en Cuba, y sus nuevos cardenales son ahora Yulieski Gourriel, Alfredo Despaigne y Frederich Cepeda, la “tanda del terror” que dio palos a mansalva en este torneo.


Los tres venían de jugar en el béisbol profesional japonés, donde recibieron jugosos salarios para ingresar al reducido club de los nuevos millonarios de la Revolución.


Pero sus salarios palidecen si se comparan con los que obtuvieron algunos de sus ex compañeros de equipo Cuba al firmar con franquicias de Ligas Mayores: Rusney Castillo ($72.5 millones); Yasmani Torres ($68.5 millones); José Dariel Abréu ($68 millones); Yasiel Puig ($42 millones) y Yoanis Céspedes ($36 millones).


Más que el turismo, el azúcar, el níquel, los puros, el ron, y los médicos exportados, el béisbol podría convertirse, en un futuro, en otra de las locomotoras de la maltrecha economía cubana.


Pero tiene que salir de la trinchera en que lo ha metido el diferendo Cuba-Estados Unidos para convertirse en lo que siempre debió haber sido: un pasatiempo que define la identidad nacional. Emocionante, pero rentable.